Entrevista al músico chileno Cristóbal Briceño: “Mi taller está dentro de la cabeza y no cierra nunca”

El de Cristóbal Briceño es un nombre que probablemente pase bastante desapercibido en Argentina. Sin embargo, este chileno de casi 35 años es una referencia ineludible para la canción latinoamericana arraigada en las tradiciones del rock y del pop.

Primero como parte de la emblemática banda Fother Muckers y luego como cara más visible de Ases Falsos, Briceño se destacó como un artista versátil e inquieto, que además germinó otros proyectos paralelos (Los Mil Jinetes o Las Chaquetas Amarillas, por caso) y lleva editados siete trabajos solistas.

Pero desde hace seis años, el cantautor ha desarrollado una relación especial con la ciudad de Rosario y con el sello local Polvo Bureau, que fue el encargado de publicar su primer disco individual, Deja un rato piola.

Hoy, ese vínculo parece haber tomado la forma definitiva de banda “a la distancia”. Porque eso es Los Castigos, el proyecto con el que Briceño publicó uno de sus trabajos más especiales, y que fue desarrollado entre correos electrónicos y visitas esporádicas a sus secuaces rosarinos.

Sucede que Germán Bertino (teclados y coros), Pablo Giulietti (guitarra eléctrica), Valentín Prieto (bajo y coros) y Federico Toscano (batería y percusión), quienes acompañan hoy al chileno en Los Castigos, ya lo habían secundado en un par de presentaciones en 2018. Y además, forman parte de la discográfica indie que, a orillas del Paraná, animó a Briceño a explorar su faceta más autorreferencial.

“Me daba vergüenza. Sentía muy obvio y usado eso del cantante de la banda que empieza una aventura solista paralela. Es una mala caricatura. En ninguna de las portadas de mis discos solistas he podido poner mi nombre, supongo que me sigue pareciendo un poco tonto. Y de hecho esa auto-consciencia fue una de las razones para buscar editar ese primer disco fuera de Chile. El que haya sido Polvo Bureau el sello interesado es algo que agradezco y que me ha traído solo satisfacciones”, recuerda Briceño sobre aquel puntapié inicial.

Punto de encuentro

Los Castigos es, entonces, el producto de varios viajes en los que el músico chileno afianzó su relación con sus colegas rosarinos y pudo desarrollar un universo común junto a ellos, que habían decidido acompañarlo por ser seguidores de su obra.

“Dije, ‘bueno, para qué vamos a desaprovechar un equipo armado’ y les propuse grabar algo, a lo que accedieron de buena gana ya que ninguno ha procreado todavía, así que tienen tiempo suficiente y poco que perder”, comenta Briceño desde Chile.

Polvareda es el nombre de la placa en cuestión. Y es también uno de los discos más bellos que se hayan lanzado durante la actual cuarentena. Con nueve canciones que dan cuenta del sello autoral de Briceño y proyectan un trabajo de arreglos y producción grupal de fina estampa, el álbum es lo más cercano a un registro de una amistad musical de larga data.

Respecto al trabajo detrás del disco, el músico describe: “Fue muy sencillo y natural. Yo les mandaba los demos, Germán (Bertino) y Valentín (Prieto) me proponían un enfoque grupal, luego yo mandaba mis comentarios y listo. Además Valentín jugó el rol de director musical de la banda, coordinaba los ensayos y afinaba los arreglos. Creo que él comprende muy bien mi sensibilidad, no tuvimos ningún desacuerdo serio, más allá de una que otra nota. Luego viajé un par de veces a grabar mis voces y la guitarra acústica”.

El ir y venir entre proyectos ya es parte de la dinámica de trabajo de Briceño. “Se equilibra solo. Creo que si tratara de controlarlo, no funcionaría, tengo un anti-autoritarismo adolescente que nunca me dejó. En las bandas soy más guía que líder, me gusta someterme a entusiasmos ajenos”, admite.

“Y aunque son varios los equipos de trabajo, en vez de estorbarse forman un sistema que se mantiene y se ordena por sí mismo. Por ejemplo, antes de entrar en cuarentena estaba trabajando firme con Ases Falsos y Los Castigos, alistando la salida de discos nuevos. Empezó el encierro y, sin proponérmelo, grabé un disco solo. Y ahora que terminé eso, nos contactamos con Andrés Zanetta y nos hemos puesto a trabajar en Los Mil Jinetes. Hay una coordinación secreta que no entiendo, pero a la que obedezco”, agrega.

-¿Cómo creés que será el impacto de la pandemia en el desarrollo de la música chilena?

-Creo que el impacto será positivo, al menos en el área de aquellas personas que trabajamos con la imaginación. Mi taller está dentro de la cabeza y no cierra nunca, está operativo día y noche. Entonces, este contexto de aislamiento es ideal para su funcionamiento. Pero tengo que reconocer que soy un privilegiado, recibo mi dinero por derechos de autor, vivo en un pueblo muy tranquilo y tengo no solo a mis seres queridos cerca, sino además vegetación que me rodea y me cobija. Puedo suponer que no sería lo mismo encerrado en el piso trece de un edificio de la capital. Aún así, creo que este retiro obligatorio es potencialmente positivo para todos los espíritus, y hay que tratar de aprovecharlo porque no queda otra. Seguro ayudará a poner las cosas en perspectiva. Eso, sin descuidar que pronto hay gente va a empezar a cagarse de hambre.

-¿Cómo vivís el actual momento político en Chile y cómo analizás el proceso desarrollado a partir de octubre del año pasado?

-Yo no soy muy analítico, lo reconozco. Y no lo soy porque el análisis examina para sacar conclusiones y yo no me llevo con las conclusiones, pues tiendo a sentir que todo está en constante apertura y expansión. Lo de octubre fue algo hermoso, tan real que llegaba a dar miedo. Creo que desencadenó millones de revoluciones individuales acá en mi país. Lamentablemente, el ímpetu original fue tomando un cauce oficial, pues la política he hecho todo lo posible por domesticarlo y obligarlo a definirse dentro de los límites de su propio juego. Y en eso estábamos cuando empezó esto del coronavirus. Pero cuando acabe, ten por seguro que continuará, a nadie se le ha olvidado la importancia del asunto. Volverá con fuerza. Los uniformados han actuado con una brutalidad difícil de creer, y quien siembra vientos cosecha tempestades. Chile tiene un modelo ridículamente injusto y desleal, que se manifiesta todos los días. Creo que esto servirá para atenuar algunas de esas ridiculeces, pero muy seguramente seguiremos siendo un país injusto y desleal, hasta que esas revoluciones individuales que te mencioné antes nos hagan rechazar en nosotros mismos lo que rechazamos en los demás. Por ejemplo, la adoración del dinero.

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Los Castigos, proyecto formado entre Briceño y un grupo de músicos rosarinos. Foto: Gentileza Polvo Bureau
El chileno Cristóbal Briceño, uno de los referentes de la escena musical de su país. Foto: Gentileza Polvo Bureau
Los Castigos, proyecto formado entre Briceño y un grupo de músicos rosarinos. Foto: Gentileza Polvo Bureau

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