Charly García y el Himno: a 30 años de la anécdota que dio origen a una versión vanguardista y polémica

En la medianoche del 25 de mayo de 1990, el excéntrico Federico Peralta Ramos le dio accidentalmente a Charly García la idea perfecta para el cierre del disco en el que trabajaba en aquel entonces.

“Querido Charly, estarás al tanto de que ha comenzado el 25 de mayo y es nuestra fecha patria. ¡Toca el Himno, por favor!”, le pidió el dadaísta personaje de la intelectualidad porteña al músico, que divertía a un selecto auditorio congregado en el mítico bar y restaurante Open Plaza, de la zona porteña de Barrio Norte.

García no sólo aceptó el convite, sino que además encontró en la composición de Vicente López y Planes y Blas Parera la frutilla del postre -el ideal equilibrio entre la genialidad y la transgresión- que le daría el carácter definitivo a su futuro álbum.

“Su insistencia fue tal que Charly se puso de pie, hizo un gesto de concertista y arrancó con los cuatro golpes de acordes de la obertura. De memoria, tocó el resto a la perfección. Tras los aplausos y el abrazo con Peralta Ramos, me dijo por lo bajo: ‘¿Vamos a la sala de Fitz Roy y lo grabamos como se debe?’”, rememoró ante Télam el baterista Fernando Samalea, testigo preferencial y protagonista de esa noche.

La velada continuó en la sala ubicada en el barrio porteño de Palermo, lugar al que se trasladaron en taxi García, Samalea y el sonidista “Masita” Artese.

“Cerca de las dos de la mañana, sentados ante sus teclados y mi batería, frente a frente, se improvisó la versión. No pautamos nada, ni ritmos, cortes o arreglos. ¡Fue por ósmosis! Él cantó y tocó a la vez, mientras yo intenté cambios de estilos, los que nacían inesperadamente, desde redobles militares, toques de balada en plan Purple Rain o blues, hasta el grand finale de toms. Recuerdo su rostro enardecido cantando ‘O juremos con gloria morir’, y mirándonos sonrientes. Se lo veía feliz”, relató el baterista.

Esa maqueta fue llevada a la siguiente sesión en el Estudio Panda, en donde se estaba trabajando junto al ingeniero Mario Breuer, y se fue incorporando al disco que desde hacía varias semanas venía tomando forma.

Se trataba de Filosofía barata y zapatos de goma, una de las tantas obras geniales creadas por el artista en aquellos años, con la que se despedía de la década del 1980, acaso la etapa más brillante en su carrera.

En diálogo con esta agencia, Mario Breuer reconoció a la sesión en la que se grabó el tema que da título a la placa como el momento en que el disco definió su rumbo definitivo.

“El disco empezó con maquetas que se fueron convirtiendo, las fuimos perfeccionando, hasta llegar al disco. Pero en un momento Charly se quedó en su casa y se puso a armar el tema Filosofía barata y zapatos de goma, y vino con la idea de que quería hacerlo con Lolita Torres. Estábamos en los estudios Ion y vino Pedro Aznar porque queríamos hacer algo que estaba de moda que era El Misterio de las Voces Búlgaras, un coro de cantantes de un convento con unas armonías muy antiguas", narró.

Y completó: “Vino Lolita y cantó de una manera increíble, magistral. Fue una noche maravillosa en el estudio”.

Registrado en “tantas sesiones como canciones tiene”, según palabras del propio Breuer, el disco reúne algunas de las más bellas composiciones de Charly, como la que le da título al disco, De mí o Siempre puedes olvidar, cantada a dúo con Fabiana Cantilo.

También hay memorables piezas como Reloj de plastilina, Curitas, Sólo un poquito no más, Gato de metal, el clásico Me siento mucho mejor –adaptación de un tema de The Byrds-, La canción del indeciso y No te mueras en mi casa, junto a Gustavo Cerati y Aznar.

El cierre para esa inspirada lista era nada menos que el Himno Nacional Argentino, una osadía en esos años que despertó polémicas y quejas de los grupos más ortodoxos.

Con climas que ligaban a la versión con Prince y con The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd, pero también con guiños paródicos a redoblantes y fanfarrias de versiones militares; el artista del bigote bicolor dotó a la canción patria de una moderna y atractiva sonoridad que la rejuveneció, sin perderle nunca el respeto.

En rigor de verdad, la versión de Charly significó una demora de más de 20 años en nuestro país en una tradición de relecturas de himnos por parte del rock, tal como la inauguró Jimi Hendrix en su recordada interpretación de la canción patria estadounidense, The Star Spangled Banner, en el Festival de Woodstock de 1969.

Sin embargo, era el ingrediente necesario al que el artista había apelado a lo largo de toda su carrera para promocionar sus discos, una obvia polémica en la opinión pública ante decisiones artísticas de vanguardia.


Relacionada. Encuentros cercanos: Charly García, te amo, te odio, dame más

Charly García en 1999, casi una década después de haber grabado su personalísima versión del Himno. Foto: Archivo La Voz

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *