La historia detrás del documental definitivo de Rubén Juárez

Hace unos días, se cumplieron 10 años del fallecimiento de Rubén Juárez, un tanguero fuera de serie surgido en nuestro interior provincial. En Ballesteros, más precisamente, donde había nacido un 5 de noviembre de 1947.

Su sino expresivo marcó a fuego a la música ciudadana. No sólo porque su explosión se dio una época en la que el tango canción estaba eclipsado, sino porque su rasgo singular era imponente: solía cantar al mismo tiempo que ejecutaba su bandoneón, descollando en ambos roles.

Un verso callejero en la humanidad de Juárez era un llamado a la liberación; otro de carácter amoroso, bajaba las defensas en el acto.

El legado de Juárez merecía una reivindicación acorde a su inmensidad.

Y la consiguió de la mano de dos admiradores cercanos que, al caer en la cuenta que se acercaba una efeméride categórica, pusieron manos a la obra para realizar un documental.

Ellos son Carlos Varela y Gastón Varela. No son hermanos. Son amigos hermanados por el amor que le tienen a Rubén Juárez. Ellos se pasaron los últimos años pensando qué enfoque darle a un testimonio audiovisual que le haga justicia a la vida y a la obra de un artista que consideran un faro.

Y llegaron a la conclusión que lo mejor era enfocarse en las circunstancias (sociales e históricas) previas a El Álbum Blanco de Rubén Juárez, que el cordobés publicó en 2002 para interrumpir un silencio discográfico de 16 años.

Entonces, enhebraron un relato en el que Juárez renace en el medio del estallido social de diciembre de 2001, al tiempo que cataliza el disconformismo social imperante. No fue algo antojadizo el recorte: ellos habían sido partícipes y testigos de aquella grabación histórica.

Álbum blanco en tiempo Negro fue el título elegido.

“En ese estallido hay un efecto revolucionario desde lo cultural. En lo político, éste no se produce, pero sí en lo cultural. No se podían hacer cosas como se venían haciendo. ¿Qué relación tiene Juárez con eso? Rubén cantaba como si le tirara piedras a todo el sistema. Tenía un cantar rebelde, popular, callejero, desbordante… Ese modo no existía en el tango. Ni siquiera lo había tenido el mismo Juárez en el pasado. Encuentra su propia síntesis como artista en ese tiempo”, dice Gastón Varela, quien da respaldo conceptual en el documental.

“Siempre hay una dialéctica entre una obra artística y el contexto en el que se produce –añade-. En El Álbum Blanco de Rubén Juárez se da de modo extraordinario. Hay una estética relacionada con lo que sucedía. Se contrasta con Ciudad de nadie (de José Ogivieki y Alejandro Szwarcman), con Prólogo para mi Argentina (de Juanca Tavera), con Bien de abajo (de Héctor Negro y Arturo Penón)”.

Juárez, dejando todo en un concierto realizado en el Café Homero, de Buenos Aires. (Gentileza Carlos Varela)

“En el documental contamos que estamos por grabar el disco y después se van intercalando imágenes del 19 y 20 de diciembre de 2001, otras de los asesinatos de Kosteki y Santillán… Esas imágenes pertenecen a un amigo, Julián Morcillo, que es del Partido Obrero”, aporta Carlos Varela, cantor de tangos, mánager de Rubén Juárez por esa época y principal impulsor del proyecto.

–¿Cuáles fueron sus motivaciones para hacer el documental?

–(Gastón Varela): Que Rubén Juárez es la última síntesis ancestral de lo que llamo “la tango esfera”. El tango es una cultura, un hábitat, no es sólo un género musical, ni un baile. Es un entramado cultural. Rubén Juárez es la última síntesis que se produjo allí. Cantor y bandoneonista sin par, hacía todo a la vez. Se reúnen un montón de condiciones. Por ejemplo, en el arco temporal que va de fines de 2001 a mediados de 2002, su postura era desafiante. Su modo de pararse, con en pie en el banquito y sosteniendo su bandoneón, y su forma de cantar casi puteadoramente (sic), llamaban a ir para adelante, a llevarse todo puesto. Rubén era un artista maradoneano. Cada vez que Juárez terminaba una obra, era un gol olímpico. Yo digo “La síntesis ancestral del tango esfera” porque él representa una superación hacia otro movimiento. Para una nueva cancionística… Juárez fue una suerte de baliza para el tango actual, el faro de un nuevo puerto.

–(Carlos Varela): Esta historia me tocó profundamente, porque estuve muy involucrado. Porque con Rubén proyectamos esta grabación a fines de noviembre, comienzos de diciembre de 2001, y en el corto plazo nos agarran el 19 y 20 de diciembre, los varios presidentes en pocos días… Antes había hecho un documental sobre el poeta Héctor Negro… Yo soy cantor de tangos, pero intento tener otras motivaciones. Intento que el tango quede documentado. Me da mucha bronca cuando veo que desde la década del '40 o del '50, desde las épocas del cine argentino sonoro, no hay casi registros de obras interpretadas por las orquestas de aquel tiempo. ¡Cómo no se le ocurrió a nadie! Se le ocurrió a Eduardo Morera hacer los clips de Gardel en el ‘28, pero en el año que tuvimos mejor cine y sonido, no hicimos nada con las orquestas. Es una obsesión, ¿viste? Mi experiencia fue estudiar un poco de video, mirar muchos documentales. En fin, sentí que debíamos registrar a Rubén en ese momento.

–¿Estabas documentando todo ese proceso en aquel tiempo?

–(Carlos Varela): No, si era más pobre que ahora. Pero como era pobre pero no gil, me puse en contacto con Gabriel Soria, el presidente de la Academia Nacional del Tango, y le hicimos un reportaje a Rubén en Café Homero. Además, apenas decidimos grabar el disco, contraté dos cámaras y grabé uno de los conciertos que Rubén ofrecía allí. Con ese material, más otro de Solo Tango de cuando presentamos el disco, logré una base para ensamblarla con testimonios de distintas personalidades de la música.

El niño Rubén Juárez alucina a sus tíosy amigos de éstos, en un patio de Ballesteros. (Gentileza Carlos Varela)

–¿Recordás cómo conociste a Rubén?

–(Carlos Varela): Lo conocí desde que empecé a cantar, en 1982. Pero no tenía ninguna confianza. Mi amistad con José Ogivieki, su director musical, fue lo que me llevó al Café Homero en 2001, cuando Rubén hace un ciclo en homenaje a sus pianistas. Después de ver semejante genialidad, me salió el productor discográfico que tenía encima. Cuando terminó el concierto, le dije a José “No puede ser que este tipo no haya grabado nada en los últimos 16 años. Es desaprovechar a la cultura”. “Me parece genial la idea, pero tendríamos que reunirnos con Rubén”, me planteó.

–Descuento que esa reunión finalmente se produjo. ¿Pero cómo fue?

–(Carlos Varela): Nos reunimos en Café Homero a la tarde y charlé con el Negro que se manejaba estilo mafia, ¿no? Él validaba a toda su cercanía, a la familia; al resto, no. Entré por una puerta importante porque José era su familia. Al principio me escuchaba como reticente, mientras él lo miraba a José para ver si convalidaba lo que yo decía. Lo que ni el Negro ni José sabían es que tenía un as debajo de la manga: el título. El Álbum Blanco de Rubén Juárez. Yo sabía que él era fan de los Beatles.

–¿Y cómo reaccionó?

–(Carlos Varela) Lo desmayé con el título, fue una trompada en el hígado. Se recopó. “Mañana te espero en mi casa a desayunar”, me dijo. ¿Te lo imaginás a Rubén Juárez, desayunando? Bueno, yo tampoco, pero a las 10 estuve en su casa de Álvarez Thomas y Blanco Encalada. Y apareció el Negro en bata. Luego se sentó en la punta de una mesa y me tiró “Carlitos, al disco lo vamos a hacer, pero no sólo eso: también quiero que seas mi mánager”. “Pero Rubén, nunca fui mánager de nadie, no juno el laburo”, le retruqué. “Ya vas a aprender”, cerró él. En fin, estuvimos juntos cuatro años, hasta diciembre de 2004… Es poco tiempo pero hicimos mucho. El Álbum Blanco de Rubén Juárez, grabamos un especial para México, produjimos un DVD con un concierto en vivo en el Teatro Argentino de La Plata, fuimos a Francia… Recordemos que veníamos de una época jodida.

Carlos y Gastón Varela, hermanados por su admiración hacia Rubén Juárez. (Gentileza Carlos Varela)

–¿Cuál fue tu aporte, Gastón?

–(Gastón Varela): Carlos me llama como una aplanadora en la previa del 10° aniversario de la muerte de Rubén… Yo tenía cierta experiencia como guionista… Nos entusiasmamos y dijimos “hagámoslo”. Él me planteó la posibilidad de hacer una línea Gardel- Sosa-Juárez, pero se la desalenté… Y entonces le sugerí lo del contexto sociopolítico de 2001 y la creación de El Álbum Blanco de Rubén Juárez. Cómo se articuló esa grabación en el medio del estallido social. Mi rol fue ese, aportar ideas, desarrollarlas. Participé en algunas entrevistas y de la edición. Y escribí algunos textos para la voz en off, que es la de Carlos. Él hizo un trabajo descomunal.

–Carlos, ¿alguna anécdota relevante sobre la grabación del disco?

–(Carlos Varela): Se grabaron todas las bases y el Negro puso las voces (en una noche fría de mayo) en (el estudio) Fidelius. Y cuando llegó el momento de la mezcla, el técnico me dice “no le puedo dar más horas. No puedo, me estoy separando”. Así que tuvimos que bajar todo el material… Y no existían los discos externos gigantes, por lo que lo hicimos en varios DVDs. Habrán sido 10 y 15, que los tengo bien guardados. Con eso me fui al estudio de Quique Vergani para empezar la mezcla. Fue un trabajo chino, porque el muchacho de Fidelius me había bajado todo sin marcas ni referencias.

–Una grabación épica, en definitiva.

–(Carlos Varela) En el tango todo es épica. El tango es Patrimonio de la Humanidad pero los presupuesto nos existen. Bueno, a decir verdad, también dudo de que exista la humanidad.

El documentalEstreno incierto

Álbum blanco en tiempo Negro se iba a estrenar el sábado pasado en Villa Carlos Paz, pero el aislamiento social preventivo y obligatorio lo llevó al terreno de lo incierto. Hasta tanto haya una “nueva normalidad”, los interesados en la obra de Rubén Juárez pueden ir a su fan page en Facebook. Allí, su hija Lucía produce episodios-homenaje con testimonios y otros documentos.

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Pintón. Así lucía Rubén Juárez en sus años mozos. (Gentileza Carlos Varela)

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