Restaurar el mural de “La Mona” Jiménez en el Sargento: “Él es todo”

“Después de tres años que te vengo diciendo ‘andá a hacer pintar’, aparecés ahora haciéndote el galán. Escuchá, Chaca: para vos, para Mauri y Callucito, ¡arreglame el ojo izquierdo! Parezco un tuerto. ¡Vamos, Chaca! Me acuerdo cuando me pintaste acá en la oficina. Te quiero mucho, esto me da alegría… verte laburar, porque nunca laburaste, ja. Te mando un beso, Chaca… ¡Y haceme más pendejo, poneme lindo!”.

Chistes, felicidad, y la promesa de un vino juntos cuando regresen finalmente al baile, es el mensaje de Carlos “La Mona” Jiménez que Luis “Chaca” Ludueña comparte en medio de la charla sobre la restauración de su mural en el Sargento. Es él quien está detrás del proyecto y quien convocó a su hijo Matías, “Callucito”, y a Mauricio Dopazo para la tarea, que La Mona en persona le había encargado y que hoy finalmente se ve en proceso.

Chaca comparte con generosidad fotos retro, audios y su historia con La Mona. Los une una amistad de más de 30 años e incluso, Chaca destaca una particular y muy personal anécdota: una vez, en una difícil situación, sin dinero y luego de haber vendido sus bienes, terminó vendiendo una campera que le había regalado el cantante y así pudo seguir adelante.

“Me salvó la vida”, resume con sencillez.

Así que es, como dice él, una historia de “idilio” juntos. Chaca es técnico de fútbol y tiene una empresa de pintura. “Le pinté la casa”, aclara. Sobre La Mona dice, contundente: “Es todo. Es el rey. Pero no un rey como los tradicionales, que heredan el título: él es el único rey elegido por el pueblo”.

Es a través de su trabajo en pintura que Chaca y su hijo terminan convocando a Mauricio.

Restaurar

Mauricio Dopazo resalta la importancia de cuidar el trabajo del autor del mural original, el muralista Martín Ron. "Soy artista plástico y dibujante”, resume Mauricio y explica que aunque trabaja mucho el realismo, también es bastante ecléctico. Aunque tiene una técnica preferida: el dibujo con lapicera, con lapicera Bic.

“Yo venía a los bailes de La Mona, pero ahora estoy retirado de la joda: vivo en La Granja y soy papá”, cuenta. Pero sobre el músico, declara: “Lo admiro”. Y sobre la experiencia, dice: “La Mona genera esto. Para mi es hermoso estar acá pintando y en el templo que es el Sargento”.

“Está quedando hermoso. Es una locura esto”, resume, maravillado.

Aunque aclara que está “bastante activo” y que la cuarentena no lo “afectó” demasiado, si reflexiona sobre el difícil momento para el arte. Por su parte, Luis recalca: “Gracias a Dios yo tengo mucho trabajo”.

El mural avanza y un día llegará el momento de que los habitués de el Sargento puedan disfrutarlo. Luis espera el momento de verlo con Vero, su compañera. “Tuve un montón de parejas y nadie me quería acompañar. Conocí ahora una persona maravillosa”, comparte, feliz.

“Nuestros viernes son: Patio de La Cañada, baile, e ir a desayunar a algún lado. Sargento es una religión”, cierra. Y no quiere dejar de agradecer a “Carlitos, que es el cuidador de acá”.

La foto retro de Chaca y La Mona. (Gentileza Luis Ludueña)
En orden: Callucito, Mauricio y Chaca frente al mural. (Gentileza Mauricio Dopazo)
Mauricio en acción. (Gentileza Mauricio Dopazo)
La foto retro de Chaca y La Mona. (Gentileza Luis Ludueña)

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