Comentario del último disco de Bob Dylan: un profeta de dos siglos

El lanzamiento de Rough And Rowdy Ways, el primer álbum de canciones originales de Bob Dylan en ocho años, se produjo el viernes y en el medio de un torbellino de críticas elogiosas de medios que lo habían recibido embargado.

El día D, el sello editor entregó extractos de estos textos en la gacetilla de lanzamiento, pero ninguno tan preciso como el de Alexis Petridis, del diario británico The Guardian.

The New Album from Bob Dylan. Out Now. https://t.co/SN0XeyNKiN
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— Bob Dylan (@bobdylan) June 19, 2020

“Un testimonio de su eterna grandeza –resumió el crítico–. Podría ser el conjunto de canciones más brillante de Bob Dylan en años: los fanáticos pueden pasar meses desentrañando las letras más agudas, pero no necesita un doctorado en Dylanology para apreciar su calidad y poder singulares”.

A fin de cuentas, de eso se trata: del testimonio caprichoso de un cronista genial y un músico excelso, que merece ser desentrañado por todos y a su aire.

Si estás empapado con el legado de un Dylan que araña el adjetivo "octogenario", todo bien. Pero si no lo estás, podés ejercer el derecho al placer auditivo “sincrónico” sin mayores dramas.

Y podrás elevarte con un Dylan que se asume sobreviviente en Mother of Muse, algo aproximado a una canción de cuna que, además, le clama a esa figura (a la madre de musas) que cante por los que lucharon con dolor para que el mundo pudiera ser libre.

Pide una reivindicación de los personajes y de las fuerzas misteriosas que despejaron y tallaron (esos verbos usa) el camino para que Presley cantara y Martin Luther King pudiera desarrollar su propósito en vida.

Esa lullaby resume cabalmente a Rough And Rowdy Ways, cuya traducción es Maneras ásperas y ruidosas, un concepto a contramano del tono sosegado y meditabundo de la obra, pero en consonancia con la determinación de Dylan de dar diagnóstico del mundo en los mismos términos en los que este se le ha revelado.

Aunque fue concebido un tiempo antes de la pandemia por coronavirus, en este álbum es imposible disociar a Bob Dylan de una retórica “Yo te avisé”. Y lo mismo podría decirse en relación con la brutalidad policíaca que ahora terminó con la asesinato de George Floyd, pero que Dylan viene denunciando desde Hurricane.

Por estar en compañía de una banda suntuosa y por su determinación de embeberse en el Great American Songbook, su voz vuelve a ser lo áspero acariciando el terciopelo, y logra convertir en una experiencia “razonable” y enriquecedora la escucha de una canción de casi 17 minutos como Murder Most Foul.

Es un soundscape dominado por el piano y el violín, en el que Dylan construye un collage histórico a partir del asesinato de Kennedy (“Te vamos a matar con odio, sin ningún respeto”) y que también contempla la beatlemanía y la pulverización de los sueños que traía consigo La Era de Acuario.

Ese ensayo histórico (norte) americano es omnipresente en toda la obra, de la cita directa a Walt Whitman en I Countain Multitudes (“Manejo autos veloces y como comidas rápidas, contengo multitudes”) a la necesidad de armar algo a medida en My Own Version of You.

En esta composición, un vals con mínimos sobresaltos, Dylan anhela “un comando robot” con el Pacino de Scarface y el Brando de El Padrino, además de un Frankenstein personal que toque el piano como Leon Russell/ como Liberace…”. Pero lo más relevante de la pieza, a fin de cuentas, es que confiesa un estudiar lenguas afectadas por cierta supremacía cultural global para mejorar su mente, para afectar positivamente al mundo.

Si bien el par de blues del disco (uno de ellos rinde homenaje al influyente Jimmy Reed, de hecho) está interpretado con vigor, no desentona con un complemento dominado por escobillas, contrabajos, acordeones y pianos.

Con un modo expresivo que Dylan viene acuñando en el último tramo de una discografía que, definitivamente, está a la altura de una leyenda hecha con una sola herejía radical (su tránsito de trovador folk a cantautor eléctrico en los ’60) y desplazamientos leves desde un eje rock & blues.

Son comprensibles los actos reflejos de la superestructura cultural que buscan encorsetar a Bob Dylan. O que intentan exaltar su obra mediante premios y homenajes. Los ampara el paso inexorable del tiempo, la justicia que suele llegar con los reconocimientos en vida.

No obstante, vale agregar que Dylan los trasciende con una obra, otra más, que lo convierte referencia también de este nuevo siglo.

Si la fundamentación del Nobel de Literatura (2016) dijo “por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”, debió decir “por crear permanentemente expresiones poéticas dentro de la gran tradición de la canción estadounidense”.

Bob Dylan está más aquí y ahora que nunca.

Bob Dylan está más aquí y ahora que nunca. (DPA)

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