Cómo olvidarlo: Alejandra Romero cuenta al detalle su historia de amor con Rodrigo

Ale Romero fue la novia de Rodrigo Bueno durante su ascenso meteórico. Esa relación duro poco más de un año y estuvo atravesada por circunstancias increíbles. Circunstancias que, al día de hoy, determinaron que esta mujer de Wilde se encuentre en los días previos del lanzamiento de un disco de cuarteto y no asistiendo a niños con capacidades diferentes tal cual lo imaginó meses antes del conocer al Potro.

Romero decidió no asistir a ningún plató televisivo en la conmemoración del 20º aniversario de la muerte de Rodrigo. Fundamentalmente, porque no quiere remover una historia de amor que tiene en el medio de demandas truculentas o de dardos cruzados.

No obstante, aceptó la invitación de VOS de relevar el frenético segmento de tiempo que fue entre mayo de 1999 y junio de 2000, en el que construyó un vínculo amoroso férreo y tierno junto a un hombre de 27 años que, por entonces, era el más deseado del país.

–Contame sobre el momento exacto en el que conociste a Rodrigo.

–Lo conocí en el último lugar en el que tocó, en Escándalo de City Bell. Fue el 8 de mayo de 1999. Rindo mi primer parcial en la facultad de Humanidades de la Universidad de La Plata y Lorena, la amiga, que me había bancado en los días de estudio con mate y compañía, me propone ir a Escándalo. Le digo que no, porque había estado sin dormir por varios días. “Vamos otro día”, le sugiero. Y ella me dice “No, tenemos que ir hoy porque está Rodrigo”. “¿Quién?”, remato yo.

¿No lo tenías para nada?

–No, para nada. Había escuchado Lo mejor del amor porque lo pasaban en todos lados pero no lo consumía, no lo tenía. Mucho menos físicamente. Accedo con muy pocas ganas, pero no me podía negar porque Lorena había estado conmigo en ese primer parcial. Que fue el último, además, porque a los 15 días de haber conocido a Rodrigo me fui a vivir con él y dejé todo. Bueno, lo cierto es que llegamos a Escándalo.

–¿Y qué pasó ahí?

–Me quedé sorprendida con el lugar, con la gente. Los hombres te agarraban y te decían “vení”… Me pareció incómodo, era la primera vez en mi vida que iba a una bailanta. Lo primero que le digo a Lorena es que nos teníamos que ir. Estaba tocando una banda en ese momento, cuando le planteo seriamente que nos vayamos. “No, mirá, ahí vino Rodrigo, le pedimos un autógrafo y nos vamos”, me prometió. Ahí, mientras varias chicas gritaban, un hombre no le permite el paso a nadie, lo que hace que Lorena, mi amiga, se ponga a llorar. Y yo, sabiendo que la única manera de que nos vayamos era consiguiendo ese autógrafo, le hablo a este hombre. Le digo “dejanos pasar y nos vamos, no vamos a permanecer, te dejo el documento”. Al principio me ignoró por completo, pero después nos dejó acceder. Pasamos y estaba Ro adentro de la camioneta Explorer y afuera un montón de chicas que gritaban, gritaban y gritaban.

–¿Se bajó ahí?

Tal cual, acto seguido baja de la camioneta. Tenía un traje rosa, con una camisa negra con cuellito Mao y borde en blanco. Y el pelo azul. Fue una gran sorpresa conocer quién era el famoso Rodrigo. Me produce cierto estupor verlo. Apenas baja dice “sssssshhhhhh”, un sifonazo muy fuerte, muy fuerte. “Cállense, cotorras, que están tocando unos colegas, no sean maleducadas”, dijo. Se hizo un silencio tremendo, parecía que había pasado un ángel, no se escuchó más nada. No había celular en esa época, así que era el autógrafo, el papel y, con suerte, si alguna tenía una cámara, foto. Pero era muy raro. A todo esto, la miro a Lorena y estaba emocionada, le caían baldes en los ojos. Mi misión seguía siendo irme del lugar, así que agarro el papel e intento acercarme para lograr el autógrafo para mi amiga. Y es entonces que una de las chicas se cae y empuja al resto, lo que hace que un seguridad de Rodrigo empiece a correr a todo el mundo… En eso, este tipo me empuja a mí. Yo estaba con tacos, me había ido con taquitos… No llego a caerme, pero eso, sumado al fastidio del momento cero, hace que me enoje y enfrente al seguridad: “Mirá el tamaño que tenés vos y mirá el que tengo yo, casi me matás. No sólo estás para preservarlo a él sino también a nosotras”. Y cuando me doy cuenta, Rodrigo me estaba mirando como enojado.


¿Enojado?

Como diciendo ¿Y ésta? Es que había hablado con firmeza pero sin gritar… Me mira mal y yo también porque realmente estaba fastidiada. Fueron unos segundos de mirarnos intensamente, como si estuviéramos peleando. Hasta que un momento afloja la mirada y aprovecho para decir “¿Me firmas para Lorena, mi amiga?”


¿Y qué pasó ahí?

Él termina una frase de una charla con uno de sus asistentes sobre que no le llevaban algo de comer y me lanza “Con esa boca nunca me moriría de hambre”. Cuando me dice eso, las chicas empiezas a gritar peor que antes. “Falta que la ligue…”, pensé… “Rodrigo, dame un beso como el que te dieron en Tinelli”, le grita una. Y entonces él se da vuelta y grita “Yo le doy un beso a quien yo quiero”. Después me agarra la cara y me estampa un beso…


Te molestó, supongo.

Claro. Le hice saber que no estaba ahí por él y me fui, le dejé el papel, crucé la valla y quedé igual que el principio. Recuperé mi DNI. Una situación horrible. De repente, otro seguridad, confundido, me dice “Lorena, esperá que Rodrigo quiere hablar con vos”. Vuelvo ya junto a la Lorena real, que seguía llorando, y otro seguridad no nos deja pasar. Acto seguido se escucha la voz de Rodrigo que se impone “¿Así que acá mandás vos? Bueno, en el escenario mando yo”. Enojado por cómo nos trataron, le pide a uno de sus asistentes que desarme… No iba a tocar, se iba. “No, Rodrigo, todo bien, si las chicas estaban con vos se quedan”. Nos sentamos en un escenario precario y ya en otro tono me dice “Vos no venís nunca acá, ¿no?” Entre el susto, Lorena que seguía mal y que yo que me quería ir de ahí, todo se había vuelto muy raro. Y de repente estaba hablando con el tipo que mi amiga admiraba.


¿Se disculpó?

“¿Por qué te fuiste así?”, me preguntó. “Porque sos un atrevido, que te subas a un escenario no te da derecho a darle un beso a cualquiera”, retruqué. Siempre me cargaba y me imitaba diciendo “atrevido”. Decía que yo usaba palabras de señora mayor. Bueno, se sonríe, me sonríe. Y me dice “Qué rico perfume que tenés”. Y yo “Gracias”. Me agarra la mano y me pone un anillo que le había dado alguna de las chicas y me entró perfecto. Fue mágico el momento, porque… Rodrigo era mágico.


¿Vos eras de la zona sur del Conurbano?

Nací en Lanús. Y en ese momento, mi casa materna estaba en Wilde. Me había ido a vivir a La Plata porque tenía que rendir exámenes de ingreso. Y La Plata era una ciudad a la que iba todos los fines de semana. Lorena, de hecho, es una amiga de la infancia. Tengo mi familia allí.


¿Qué carrera habías empezado?

Estudiaba la licenciatura en Psicología porque quería ser maestra especial. Nunca tuve dificultad con el estudio, por más que lo que más me apasionaba era la música. Mi mamá venía de una pareja con un músico. Y me decía “más allá de que hagas música, hacé otra cosa que te guste, seguí estudiando”. Tuve afinidad con los niños y tenía un vecinito sordomudo con el que me entendía muy bien. Podíamos conectar. Así que estudié un poco para complacer a mi mamá y porque sentía que podía ser útil en algo.


Si no provenías del mundo de la bailanta, ¿de qué palo eras?

En mi casa siempre se escuchó folklore porque mi papá es folklorista… También sonaban tangos y boleros. Mi papá es muy tradicionalista, tiene 82 años y en aquel tiempo no me dejaba escuchar música en inglés. Recuerdo que yo amaba a Michael Jackson, pero me tenía que ir a la casa de los vecinos a escucharlo porque en la mía estaba prohibido. Mi papá no quería que usara remeras escritas en inglés. Siempre me gustó toda la música. En ese momento eran las baladas, las canciones de amor eran las que más me podían. Ese día, después de lo del anillito, Lorena le grita a Rodrigo “¡¡¡Ella canta, Rodrigo, ella canta!!!”. “¿Sí? Cantame algo”, me pidió. Y pese a que en el ambiente había mucho ruido, alcancé a hacerme un falso retorno y le canto una canción de mi hermano que se llama Piensa en mí. (Canta al teléfono) “Piensa en mí si necesitas alguien para hablar/ Cuando te invada la tristeza y al recordar aquel amanecer que nunca olvidaras”. Cuando termino de cantar, Rodrigo estaba llorando… Había muerto su papá hacía poco y le pegó fuerte. Fue la primera prueba que le hice muy bien con mi amor. A ese tema, mi hermano se lo había escrito a un primo que había fallecido hace muy poco., pero finalmente terminó relatando mi historia con él: (vuelve a cantar al teléfono) “Al partir sin adiós aquel amanecer/ pensarás que jamás a tu lado volveré…”


Lo noqueaste.

Sentí que le había tocado una fibra íntima. Después él lo llamó a "Maquinaria", su bajista y amigo, para que le cante a los dos… No volví sobre ese tema sino que les hice Naranjo en flor. Esa noche me pidió que lo acompañe a los tres shows que le faltaban y me prometió que después me traía… Le dije que no, pero después me hizo subir al escenario y me chantó un beso delante de todos. Ahí todo fue distinto… Sentí que me abría su corazón… Y me abrazó no como un seductor sino como un niño indefenso que se ponía contento conmigo. A partir de ahí, siempre me pedía que le cante. “Cantame, cantame”. Siempre terminaba cantando canciones de mi hermano, que es un gran autor. Y por eso pide conocerlo y terminan escribiendo La Mano de Dios.


Rodrigo era el hombre más deseado de las argentinas en ese primer semestre de 2001. ¿Cómo manejaste esa situación?

Y de los hombres argentinos también (risas). Me sentí siempre tan querida. Si bien yo fui su novia, él también fue mi novio. Había cosas que no iba a permitir ni a bancarme, y él las supo desde el primer momento. Él sabía de qué manera era yo. Me dio mi lugar, sentí eso. Más allá de lo que puede haber sucedido o no, él siempre me dio mi lugar. Siempre lo voy a agradecer. Yo llegué a él sin mucha noche ni mucha salida. A los 17 años recién salí a bailar. Era bastante inocentona. Y él a eso lo sabía. Desde ese lugar, me cuidó mucho. Y si se las mandó, lo hizo con mucho cuidado. Siempre estuvo muy atento a no hacerme mal. Los dos éramos celosos, pero estábamos muy seguros del amor que nos teníamos. Caso contrario, no hubiese podido sostener estar al lado suyo. A Rodrigo lo encontré roto en mil pedazos… La noche que lo conocí, me termina contando su vida. Tenía mucha carga, mucho dolor. “¿Por qué me cuenta todo esto?”, pensé, porque me contó cosas que alguien le contaría a otra persona después de mucho tiempo de relación.

Ale Romero dice que fue difícil su vida amorosa después de la Rodrigomanía. (Gentileza Negro Luengo)


¿Las fans sabían que eras la novia de Rodrigo?

Yo admiré a cantantes y demás pero nunca viví un fanatismo como el que generó Rodrigo. Nunca me pasó de ver algo así. Una vez, una chica me ve y me dice “¿Vos sos las novia?” Pensé que si le decía que sí la iba a lastimar, así que le dije que no, que era la hermana. Rodrigo me escuchó y me tiró “¿Me estás negando?” Se ofendió. Me decía que sus fans me querían, que se cortaban el pelo como yo. Me integraba a esa situación. El amor hace eso. Tuve y tengo un amor verdadero por él. Algunas veces nos criticaron porque hacíamos una novela de nuestra relación. Sinceramente, yo no era consciente de la dimensión que tenía todo. Sabía que él iba creciendo, pero… ¿Me entendés?


Perfectamente. Ahora bien, ¿cómo hicieron tus parejas posteriores para batallar contra el fantasma de Rodrigo?

No ha sido fácil. Fue muy difícil y los sigue siendo. Durante muchos años estuve sumergida en una gran depresión. De la cual entraba y salía, entraba y salía. Cuando él murió una parte de mí también. Veía fotos con él y videos, y no podía encontrar a esa mujer, reconocerme en ella. Me llevó mucho tiempo volver a sonreír como sonreía con él. En 2006, conozco al papá de mi hijo, también a través de la música. Éramos amigos. Él entendió todo lo que me pasaba. Desde ese lugar, desde la amistad. Me hacía bien estar con él, sabía lo que me pasaba. Le manifesté que si entre nosotros pasaba algo era muy importante que el cimiento fuera nuestra amistad. Que, de otra manera, no voy a poder, que lo de Rodrigo me va a acompañar siempre. Lo intentamos y llegó Jaziel, mi hijo. Vino a llenarme de amor. Fue determinante para que tuviera ganas de vivir.


Ahora, tras años de cantar tangos, te has puesto a cuartetear. ¿Cómo surgió?

En mis shows, siempre me pedían “¡cuarteto, cuarteto!” Rodrigo me quería producir, pero si no era de su mano, ¿con quién iba a ser? En 2006 no había podido cantar más, sonreír más. Me había quedado la idea de que eso no iba a poder ser. Todo llevó a que tuviéramos un encuentro con Tedy (Tessel, arreglador de la banda del Potro) en La Plata y le cantara Mayo de amor, la canción que le hice a Rodrigo. “Lo tenemos que cuartetear”, exigió Tedy. “Conseguite para el estudio, para los músicos y yo te ayudo”, me agregó. Entonces pedí plata prestada y lo hice. Grabamos en Pira, bastante rápido. Si alguien no me ayudaba no lo podía hacer. Voy estar eternamente agradecida a Tedy, porque me ayudó a concretar la idea de Ro de que yo tenía que cantar cuarteto.


Así como te pedí que me cuentes cómo lo conociste, te pido ahora algo sobre la última vez que lo viste…

Llegamos el 23 de junio desde Ushuaia. Rodrigo no había pasado una buena noche, la madrugada del 23 había llorado un montón, al punto que me había preocupado bastante. Si bien era bastante llorón, esa vez lo noté angustiado. Había muchas cosas que lo tenían muy mal. Llegamos a casa, en Benavidez, después de varios días de estar ausentes… Rodrigo se pone a descansar y yo voy desempacando y preparando la ropa, porque él tenía tres programas de tele al otro día. Me tenía que ocupar de su vestuario. Se despierta, me pide que lo tiña, se baña. Y de repente, se pone a saltar como un niño sobre una cama de caños que teníamos. Era muy hombre a sus 27 años, porque tenía varias familias sobre sus espaldas y a esa presión la afrontaba con responsabilidad. Pero también era un niño al que había que decirle “te vas a golpear”. Se preparó, no teníamos lavarropas, por lo que tenía que ir a la casa de la vecina a lavar. Esa fue la razón por la que le digo “me quedo” cuando me pide que lo acompañe a City Bell. Me insiste, me dice que iba ir mi hermano con la nueva novia que nos la quería presentar. Pero finalmente le dije que vinieran después todos para casa, en todo caso. Y es en ese momento que él le pide a un asistente que llamen a Patricia (Pacheco, expareja) para ver si podía ir con el nene (Ramiro Bueno, hijo de Rodrigo). Me pide mi teléfono para esas llamadas y se lo lleva, así que me quedé incomunicada. Antes de irse, me pide “¿Por qué no te hacés una torta de esas que te salen tan ricas?”. Fue lo que me dijo antes de nuestro último beso.

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Ale Romero (Gentileza Negro Luengo)

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