Ringo Starr cumple 80 años: Primero, el talento, después la onda

Ringo Starr es la prueba viviente de que, a veces, tener la mejor onda y tirar la mejor energía debilitan el efecto de conquistas enormes en otros aspectos de una vida fascinante como la suya, que hoy llega a los 80 años.

Es que a la hora de celebrar semejante efeméride, aún sobrevive el tic de anteponer el Ringo buenazo-simpático-vital, siempre dispuesto a poner los dedos en V ante cualquier cámara, al Ringo baterista extraordinario que fue algo más que un mero testigo en la historia de los Beatles.

A estas alturas, el movimiento referencial (y reverencial) debería ser el inverso.

“Ringo es uno de los tres mejores bateristas que yo haya escuchado. Uno es él, y los otros dos son John Bonham (Led Zeppelin), el otro Bill Brufford (King Crimson, Yes)… Lo escuché por primera vez en 1973, en un simple de los Beatles que tenía en el Lado A a Twist and Shout y en el B a La vi parada allí. Destaco su sonido y su precisión que se traduce en un tempo perfecto”, dice Taufi Flores, baterista de Los Mersey Mustards.

“La cuestión del tempo, casi como un metrónomo, se puede notar en Let It Be (1970) –añade Flores–. Es impresionante lo que hace en las canciones de Paul McCartney en ese disco. Cómo marca el tempo con el hit hat”.

“Pero las más sorprendentes son sus dos grabaciones en 1966 para dos temas de John Lennon. Uno es Rain, un simple, y el otro She Said She Said, de Revolver. Los breaks que este hombre mete ahí son marcianos. Nadie había tocado así hasta ese momento”, completa.

“Richard Henry Parkin Starkey Jr. fue mucho más que ‘el Beatle simpático’”, interviene Juan Sassatelli, baterista de Hipnótica y Rayos Láser. Y lo que parece una verdad de Perogrullo viene de perillas aún hoy.

“Ringo tuvo la responsabilidad de poner el ritmo de las canciones de tres de los compositores más importantes de la historia, y su particular manera de hacerlo fue el inicio de la era de la batería en el rock, cuyo esplendor es posterior a The Beatles”, suma.

Para Sassatelli, hasta la aparición de Ringo la batería se tocaba de manera tradicional, casi militar, enfatizando los redobles y su mayor desarrollo, se había dado en el ámbito del jazz y swing. “Ringo fue de los primeros en ‘limpiar’ un poco esos redobles y armar estructuras rítmicas que parecen sencillas pero en su momento fueron innovadoras y hoy suenan tan efectivas como entonces”, precisa.

“Con Rayos Láser, tuvimos la suerte de telonear a Ringo y su tremenda banda (Steve Lukather, Todd Rundgren, entre otros) en el Orfeo, en 2013. Fue una de las experiencias más lindas de mi vida… Tengo un video que estamos detrás de su bata (había dos ese día, la otra la tocaba Gregg Bissonette) espiando detrás del telón durante la prueba de sonido como niños. ¡Fascinados!”, recuerda sobre el momento que tuvo más a mano al “compositor, cantante y actor, cuyo encanto trascendió la batería y armonizó todo cuando los ánimos de los Beatles estaban exaltados”.

Consultada por Télam sobre el aporte de Ringo Starr a la música, Andrea Álvarez primero se alineó al hecho irrefutable que “trasciende lo de ser baterista”, aunque después usó la exclamación “¡Guau!” para ilustrar lo que siente al escuchar el atropello de Come Together (Abbey Road, 1969)

“Es un ser que es imposible no querer. Recuerdo ser niña, muy fan de los Beatles, y siempre me atrapó su personaje, como del no lindo pero atractivo. Cuando lo veo ocupando el lugar de la batería me da emoción. Yo ya ni sé cómo toca Ringo, no me importa. Es más que eso lo que representa. Sin embargo, hay temas como Come Together, donde escuchas la batería y ¡guau!…. Sigo mucho a Ringo, sus discos solistas, me encantan sus shows”, expresó la expercusionista de Soda Stereo.

Y luego destacó: “El baterista Greg Bissonette dio una clínica basada en los ritmos de Ringo y explicó la técnica que hay que tener para tocar esos ritmos. A veces, cuando algo es aparentemente sencillo, hay que tener muchos elementos en el conocimiento para concretarlo. A mí me pasa eso con Ringo. Yo estoy enamorada de él antes de saber cómo toca. Es más, uso la batería Ludwig como la que solía usar él. Para mí es como un ícono. Genera una empatía que trasciende el instrumento para llegar a la música, y trasciende la música para llegar al sentimiento”.

Popi Pedroza, exbaterista de Pasaporte y Duelo Nacional, no duda en considerar a Ringo como “baterista – artista”.

“Ringo ‘compone’ canciones, no se limita a acompañar. Los arreglos, lo que sumó a esas canciones… ¡Y con esa simpleza! El tipo la tiene atada, es un elegido. Cuando lo vi en el Orfeo me cayeron todas las fichas”, remata.

Cuerpo sano

Si bien ahora se lo puede percibir como una celebrity adormecida que aceptó sin chistar ser ungido como Sir del Imperio Británico, la historia dice que Ringo Starr fue un heroico sobreviviente.

Primero, se bancó los bombardeos del Tercer Reich sobre Liverpool, en cuya zona más pobre vivía con su madre recientemente abandonada por su padre. Luego, pudo sobreponerse a enfermedades extrañas, que así como comprometieron su vida terminaron por demorar su ingreso escolar.

¿Cómo llegó la batería a su vida? Se la regaló a sus 12 años su padrastro, luego de observar que el niño Ringo, hijo único vivaz y sobreprotegido, no paraba de percutir sobre todos los muebles de su casa modesta.

La extroversión de Ringo dio lugar a gestos autodidactas, luego a entreverarse en la movida musical de su ciudad y más tarde a saltar de Rory Storm and The Hurricanes a The Beatles en reemplazo de un Pete Best que nunca terminó de cuajar.

Con el correr de los discos, y de la Beatlemanía, se convirtió en el contrapunto “inocente” al cinismo de Lennon, a la observancia calculadora de McCartney, al perfil irónico que despuntaba Harrison.

Hoy, a 50 años de haber cultivado ese perfil, Ringo Starr no sólo lo mantiene en espíritu sino también en cuerpo.

“Sorprende su estado de salud, físico y mental. Al igual que Paul. Parece un tipo de 50 años. Creo que la clave fue la recuperación que tuvo a principios de los 80, con su rehabilitación del alcoholismo (fue a una clínica) y, como él mismo dijo, empezar a llevar una vida sana: gimnasia, dormir bien, y volverse temprano de las fiestas”, aporta Federico Ossola, uno de los beatlemaníacos más activos de Córdoba.

Para Ossola, también contribuye al Ringo vital su alimentación, vegetariana y en base al brócoli. “Por supuesto, a todo suma el hecho de seguir tocando, de manera constante, de gira y sacando discos. Hace 30 años que se reinventó, y de manera constante sigue haciendo cosas. Hace poco dijo que se siente ‘de 24 años’, y su actitud y lenguaje corporal lo demuestran”.

La configuración del Ringo hecho una pinturita comienza a fines de los ’70, cuando conoció a la modelo y actriz Bárbara Bach. “Con ella fue que su vida empezó a dar un giro”, apunta Ossola.

“Luego de un terrible accidente de tránsito, ambos se internaron y se desintoxicaron. Se casaron el 27 de Abril del 81, con George y Paul presentes. Faltaba John, quien pocos meses antes había sido asesinado. A fines de los ’80 tuvo una idea excelente. Juntó a varios amigos músicos, creó la All Starr Band, y salió de gira. El concepto era: Ringo como centro, con sus mejores temas (Beatles y solistas), y los demás tocando sus grandes éxitos.

Fue un gran suceso”, reconstruye Ossola, quien también destaca que Starr grabó discos muy buenos como Vertical Man (1998) y otros algo irregulares “pero siempre con una onda impresionante, músicos de primera y su timming inconfundible en la batería”.

“Ringo debe ser el músico más querido de toda la industria –finaliza-. Todos quieren tocar con él. Todos disfrutan junto a él. Por eso, la canción que lo define es la que John y Paul le dieron para cantar en Sgt. Pepper (1967)… No había otro más que pudiera cantar With a Little Help From My Friends con el sentimiento con que Ringo lo hizo”.

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Gran estampa. Ringo Starr estrena condición de octogenario hecho una pinturita. (AP)

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