Aceptar lo inevitable y aprender a disfrutar: cómo es adaptarse al entretenimiento en la nueva normalidad

La pandemia vino a cambiarlo todo dentro de la cultura del ocio y el entretenimiento. La posibilidad de asistir a un concierto o una obra en una sala convencional se siente cada vez más lejana. Es más, por momentos hasta parece un recuerdo de otra vida.

También cuesta volver a imaginarse ir a un bar en el que los cuerpos puedan rozarse al ritmo de una música que incite al baile o al menos a mover un poco el cuerpo contagiado por el groove de una batería, ya sea en vivo o grabada. Ni hablar de una fiesta o festival en los que perderse entre la multitud sería hoy un peligro inminente.

Más allá de cierto nivel de obvia nostalgia, la realidad indica que la reactivación se va dando a cuentagotas y la nueva normalidad nos impone otro tipo de consumos que más tarde que temprano tuvimos que aceptar: shows por streaming, fiestas vías zoom y bares con estrictos protocolos.

Primer paso, negaciónEn mi caso, tengo que reconocer que en un primerísimo momento me negué a adaptarme a las condiciones que planteaban estas nuevas formas. “Un concierto online no puede reemplazar las sensaciones que genera la música en vivo”, repetía como loro. ¿Una fiesta en la que uno se saluda con los amigos y muestra su baile a través de una cámara? Ni pensarlo.

Al pasar las semanas, las ofertas de espectáculos en esta modalidad fueron proliferando y también mejorando sus condiciones técnicas: claramente no es lo mismo una transmisión en vivo por una red social con un sonido deficiente y cortes permanentes, que una presentación por una plataforma profesional, con gran calidad de audio e imagen, una propuesta estética pensada e incluso, en muchos de esos casos, los músicos de la banda tocando juntos en algún estudio o sala.

Segundo paso, resignaciónTampoco es lo mismo ver un show de alguno de tus artistas favoritos en YouTube, que asistir a un hecho artístico novedoso para el que se trabajó decididamente una propuesta diferente. Este es uno de los puntos que se le cuestiona al inminente Cosquín Rock online. ¿Pagar una entrada por algo que se puede ver “gratis”? Esa es la pregunta que se hace parte del público. Hasta lo que se sabe, será una experiencia totalmente diferente. Aunque podría ser materia de un debate más extenso, ¿por qué no darle una oportunidad a esta especie de prueba piloto?

La otra cuestión fue la resignación de asumir que el concierto o la fiesta tal como lo conocíamos no volverían a ocurrir en el corto ni en el mediano plazo. Era adaptarse o morir. Porque otro punto fundamental es que los artistas empezaron a necesitar que el público (y la prensa en este caso también) se sumara a estas iniciativas para poder sostener económicamente sus estructuras y hasta sus vidas.

Tercer paso: aceptaciónMotivado por las ganas de que el hecho artístico o del entretenimiento siga ocurriendo de la forma que sea, por la curiosidad (periodística y hasta antropológica) y el incentivo de mis hijos que (lo querramos o no) serán también parte de esta transformación, me tiré a la pileta de la experimentación.

Cuarto paso: disfruteLa primera experiencia fue el “bolichito” vía Zoom que plantea el DJ Fede Flores de Córdoba para el mundo (virtual, claro). El espacio fue definido esta semana en un informe de C5N como “la forma que tienen los adolescentes de conectarse para celebrar un rato”. La realidad es que es mucho más que eso: es un lugar de encuentro con amigos, desconocidos (sí, entablar nuevas relaciones es posible) y hasta para disfrutar en familia ambientando cada pantallita.

Es impactante ver cómo los chicos se enganchan con la propuesta, porque el gran gancho es la diversidad musical: pueden sonar Wos, Paulo Londra y Nicki Nicole pero también perlitas de los '80 y '90s que hacen que todos bailemos juntos. ¡Si hasta festejé mi cumpleaños de 40 así! La otra clave: el audio es de gran calidad e incluso se puede seguir la transmisión sin entrar a la sala de Zoom si se busca más privacidad.

Otra incursión fue en el Teatro Minúsculo: al igual que en la propuesta de Fede Flores, la modalidad es el aporte voluntario, fundamental para que siga girando la rueda. Aunque fue desopilante verlos, el problema fueron los cortes en la transmisión. Eran días en los que los "vivos" de Instagram proliferaban por doquier.

Entonces sí estaba preparado para un show por streaming pago desde alguna de las plataformas que brindan un servicio más profesional: copa de vino en mano, disfruté un concierto íntimo de Palo Pandolfo y otro de Nahuel Pennisi. Mientras el primero mostró gran inspiración del artista en lo musical y algunos desajustes en la interacción con el público, el segundo tuvo una gran carga emotiva y de novedad: por primera vez el reconocido cantante no vidente realizó un homenaje completo a Silvio Rodríguez. En el final hubo un corte de transmisión que Pennisi surfeó de la mejor manera, interpretando nuevamente la canción.

¿Será suficiente todo esto para enganchar al gran público? Habrá que seguir analizándolo, pero al menos creo que vale darle una chance. Seguramente las ofertas irán mejorando y tendremos más opciones para elegir. La nueva (a)normalidad indica que por un tiempo, este es el camino.

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