El Misionero, presentador de las batallas de freestyle: “Armé una carrera donde no había nada”

Corre tiempo de descuento para la tercera edición del Movistar Fristyle y El Misionero, histórico host del evento que reactiva la cultura del freestyle, está de lo más tranquilo.

“Estoy bien, papurri. A toda velocidad. Estamos en pandemia y cualquier estaca, cualquier hueco… ¿Cómo es el dicho popular? Bueno, hay que aprovechar esta oportunidad de defender al movimiento”, le dice el presentador a VOS.

Y en clara referencia a la transmisión de este martes a las 20.45 (y por todas las redes de telefónica patrocinadora), que lo tendrá agitando el encuentro entre Lit Killah y Ecko, dos artistas que crecieron al calor de esas batallas de rimas y poses pendenciera que ganan millones de reproducciones en el tiempo que cualquier mortal se come un plato de fideos.

Por supuesto, El Misionero desarrollará su labor con la limitación de la pantalla dividida y la responsabilidad de mantener todo caliente como si estuviera ante 5.000 personas cabeceando el aire.

“Estoy más tranquilo y preparado que en situación normal porque tengo todo mi equipo en casa”, precisa este treintañero con más de 10 ejerciendo como anfitrión en esta pata del entretenimiento musical y que se ha convertido en sinónimo de “público cebado” para producciones de God Level y Red Bull.

“El Misio” también se hizo célebre por instituir “¡Ruido!”, “¡Tiempo!” y “¡Pará un poco, nene!", expresiones que aceitan la adrenalina de una batalla y que ya tienen su correspondiente resguardo en el Registro Propiedad Intelectual.

“Son mis marcas, claro que las registré”, confirma el hombre enrolado como Darío Sebastián Silva que le debe su apodo a su provincia de nacimiento, Misiones.

-¿Armás un guion o dejás que todo fluya?

-Hay un guioncito armado y el resto se fluye. Porque con los pibes me conozco, tengo la mejor. Vamos armando cada lugar, cada cosita. Voy midiendo la energía, lo que va sucediendo. En este formato tengo un productor que me va sugiriendo “andá por acá, vení por allá”. Necesito ese apoyo, ¿viste? Ahora no puedo ver el feedback, no sé lo que está sucediendo, no puedo mentir el temperamento (sic) de la gente. Entonces, pido un apoyo en la gente de producción.

-¿Cuál es la mejor batalla que has atestiguado?

– Para mí, fue muy significativa Dtoke versus Stigma (Red Bull Batalla de Los Gallos, de 2013, entre el argentino y el chileno). Siempre cuento lo que pasó en ese cruce porque, más allá de la excelencia de los competidores, fue el primero que me tuvo como host internacional. Fue un batallón impresionante, me marcó. También recuerdo la de Stigma versus Káiser (otro freestyler chileno), pero para mí Dtoke versus Stigma está por encima de todas.

-¿Vivís de ser host en batallas de freestyle?

-Claro, vivo de esto. Y recontra bueno está. Y más aún: en el freestyle es obvio que son los pibes los que están ahí tienden a hacer carrera, pero de presentador es más complicado… Entonces, es una bendición, brother. Armé una carrera donde no había nada. Carrera de host no había. Se inventó. No sé cómo será la situación de mis colegas en Latinoamérica, loco. Yo vivo de esto. Y vivo bien.

-A cualquier marca, político, emprendedor le encantaría tener el público cautivo de las batallas. ¿Te sentís poderoso? ¿Te ofrecieron mover gente en otros ámbitos más allá del freestyle?

-No me siento poderoso. El movimiento somos todos. No es que soy Trueno, que es tremendamente influyente y cada cosa que hace genera algo descomunal. Sólo me siento parte de un movimiento que logra cosas con sus miembros trabajando en conjunto. Me siento energético y capaz de hacer gritar a la gente. Pero no poderoso. Algunos espacios políticos trataron de acercarse… Pero no sé , las cosas que hago, las hago por mi cuenta… No quiero pegarme a ninguna bandera política.

-¿Te sorprendió la irrupción del trap?

-Me sorprendió, sí. Sobre todo porque no había alcanzado a crecer el rap. Lo tapó al rap, brother. Fue de golpe y explotó todo. En el Quinto Escalón germinó algo y no hubo tiempo para nada, arrasó.

-Descuento que lo conociste a Paulo Londra.

-Lo conocí. Es una masa. A mí me cayó súper bien. Un gran pibe. Buena onda, perfil bajo. Así como lo ves, es.

-Él siempre cuenta que “8 Mile”, la película de Eminem, fue su acceso al mundo del hip hop. ¿Cuál fue el tuyo?

-Vengo de Posadas, Misiones, y en la época en la que empecé a escuchar música no había Internet, nada. Y a mí me empezó a gustar el rap cuando escuché el rap de Mi abuela. ¿Te acordás del rap Mi abuela?

-Claro que sí, el de (los puertorriqueños) Wilfreg y La Ganga.

-Bueno, yo tenía 7 u 8 años cuando lo escuché. Más adelante vino una película de Vanilla Ice (Cool as Ice, de 1991). Lo que llegaba a Posadas sólo era lo más comercial; si no, no llegaba ni en pedo. Después me gustaron IKV, Control Machete… Eran bandas que me gustaban pero no me representaban. Yo no era Vanilla Ice porque no tenía la moto, quería ser cool como el chabón pero no me daba. Abarajame (de IKV) me encantaba pero no me daba para vestirme así. Control Machete todo bien, pero no fumaba porro. Lo que me partió la cabeza fue Aquel que había muerto de, Vico C, en 1998. Ese disco me partió la cabeza. Fue entonces que dije “quiero hacer esto, me gusta esto”. Empecé a rapear, conocí a unos pibes en Villa Madero en 2000 ya no paré. Me enamoré del movimiento y me quedé.


El Misionero, animando freestyle con remera de Guns N´Roses. (Gentileza Movistar)

-¿No le quita adrenalina a las batallas que los competidores sean compañeros de escena y tengan contacto permanente?

-No. Cuando tienen que batallar, los pibes batallan. Son profesionales hasta en eso, brother. Papo y Dtoke son amigos, pero cuando tienen que batallar se revientan con todo. Es a todo o nada. Cuando Dtoke compitió contra Klan y se dejó ganar, entre comillas, fue por otra cosa. No suele suceder eso.

¿Ha pasado al terreno de la agresión física un punchline hiriente? ¿Viviste algo así?

-No. Lo que sí vi fue que Stigma le tocó la oreja a Sony… Le había dicho algo de la madre, le tiró la oreja, casi le saca los aritos. Pasó algo raro. Se puso espeso pero quedó ahí.

En las gacetillas de Movistar te presentan como un influencer. ¿Te cabe esa figura?

-No soy infuencer, soy un artista, brother. Tengo una visión clara sobre mi laburo: no soy un simple presentador, soy un artista que presenta. Por eso mi outfit, mi forma de ser arriba del escenario. Me considero un artista.

-¿Qué pasó con el host chileno Cayu en la God Level 2vs2 2020?

-Hubo un malentendido de roles que terminó explotando. Fui host de esa batalla y, como siempre, manejé lo que sucede arriba del escenario. Se sintió mal por la forma en que me referí a él. Trabajé de la misma manera (no digo que sea la mejor) en todos los escenarios y nunca tuve problemas. El vivo tiene adrenalina y yo, personalmente, no tomo en cuenta lo que puede surgir producto de ella. Si te digo “Dale, corré, dale pelotudo”, lo digo por adrenalina, no por mala persona. Tenés 5.000 personas a pleno, a los pibes compitiendo delante tuyo y la responsabilidad de hacer un show. Cayu era co host en esa God Level y entendió que le hablé mal. “Estamos en vivo, brother”, le expliqué y le pedí disculpas. Y para mí terminó ahí.

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El Misionero le da entidad artística a su rol de host de las batallas. (Gentileza Movistar)

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