Largó “Sirenas rock”, el reconocimiento que faltaba para las mujeres de la música

Tardó, pero llegó. Finalmente la televisión se decidió a reconocer el trabajo de las mujeres en el rock e ideó una serie de documentales llamados Sirenas rock en el que pone a dialogar a tres generaciones de músicas unidas por las mismas dificultades.

El programa comenzó el miércoles pasado y tiene la ventaja de estrenarse en paralelo en la televisión y en las redes de Canal Encuentro el mismo día a las 23.30. Todo queda guardado en las distintas plataformas para poder ser reproducido en cualquier momento.

Sirenas rock es un gran documental pensado en cuatro capítulos en el que se cuenta la historia de los 50 años de música nacional relatado con las voces de las mujeres que lo hicieron posible.

El documental es una pieza comunicativa con fuerte posicionamiento político sobre los espacios que ocuparon muchas artistas, en los contextos en los que les tocó transitar, y es a la vez un reconocimiento mutuo sobre los avances que lograron las mujeres en un espacio dominado por hombres.

En charla con VOS, Viviana Scaliza -exintegrante de Las Blacanblus- asegura que lo interesante no es solo ese reconocimiento sino que además, el documental trajo del olvido a muchas músicas que aún hoy siguen tocando y son desconocidas para las nuevas generaciones.

"Hubo quejas porque no están las supermediáticas, pero estaría bueno que la gente empiece a mirar quiénes son todas las históricas y las nuevas para poder conocerlas más. A mí a veces me preguntan si sigo tocando y les digo que no dejé de tocar nunca, pero lo que hago no es supermediático", arranca.

Scaliza formó parte -junto a Cristina Dall, Déborah Dixon y la fallecida Mona Fraiman- de un grupo novedosos dentro del ambiente del blues. Hoy cuando mira hacia atrás identifica cada una de las dificultades que tuvieron que pasar para poder subirse a un escenario.

"Fuimos con nuestro primer casette a hablar a un bar llamado Oliverio, un lugar a donde se tocaba el blues los fines de semana, y el dueño nos dijo que estaba bueno lo que hacíamos y nos ofreció tocar los lunes a las 23. Dijimos ´No gracias´ porque sabíamos que la movida era los fines de semana", arranca relatando Scaliza y termina: "Tiempo después logramos entrar al lugar tocando cinco temas con La Mississippi. Luego de que nos vieran arriba del escenario empezamos a tener buenas fechas".

La música asegura que ese fue el primero de los muchos "No" que tuvo que responder la banda cuando les ofrecían hacer coros, o estar por detrás de otras bandas de hombres, pero asegura que durante mucho tiempo las mujeres tuvieron que ser apadrinadas (como en el caso de ellas por La Mississippi) para poder arrancar.

"Hace más de 40 años, las primeras mujeres eran parejas de varones músicos, si no, no tenías muchas posibilidades de entrar en esos lugares. Entre ellas tenemos ídolas grosas que luego terminaron haciendo su camino solas porque tenían mérito propio", explica y agrega: "Es probable que hubiera muchas más mujeres que no pudieron acceder a esos espacios porque no estaban cerca de la movida".

Machismo naturalizado

Scaliza recuerda que durante el tiempo que recorrieron los escenarios con Las Blacanblus "no tuvieron problemas" visibles con sus colegas varones pero entendían que había muchas cosas del circuito que no eran equitativas, al igual que el trato mediático.

Recuerda que había "dos preguntas nefastas" que nunca faltaban en sus entrevistas. "La primera era ´cómo hacen cuatro mujeres para llevarse bien´. A mí me salía de alma contestarle haciéndome la graciosa ´¿quién te dijo que nos llevamos bien?´", cuenta Scaliza y asegura que la verdadera respuesta sería: "De la misma manera que hacen cuatro tipos para llevarse bien. Quién dijo que por ser mujeres nos tenemos que llevar mal. Siempre relacionan el grupo de mujeres con la competencia".

La segunda pregunta era cómo hacían cuatro mujeres para lidiar con todo. Es decir, ensayar, tocar y además ocuparse de la casa, la comida y de los hijos. "A mí se me saltaba la térmica. Ya teníamos las respuestas a flor de piel. A veces les decíamos ¿esto se lo preguntarías a un músico varón? y ahí no sabían a dónde meterse…", cuenta.

De una generación un poco más reciente, Mariana Biachini coincide en reconocer que había cosas que estuvieron naturalizadas en el ambiente hasta que las mujeres empezaron a decir "basta".

Cuenta que a fines de los 90, cuando ella arrancó con el punk, la escena del under era un caldo de cultivo para nuevas bandas y no importaba si eran de varones o mujeres. Sin embargo, cuando el circuito se angostó después de la tragedia de Cromañón empezaron a surgir los problemas para conseguir espacios.

"Comencé a escuchar y a percibir comentarios que decían que mi banda era difícil de encasillar, que era difícil de programar porque había una mujer y la voz no era la típica voz que se asociaba a la mujer. Entonces ya no había espacio de exposición, al no haber under no sabíamos a donde tocar", arranca.

Y luego agrega: "Yo asumía que era natural porque era lo que vendía, pero no entendía que la culpa era mía ni tampoco que éramos solo dos las mujeres las que nos cruzábamos en la noche". Biachini asegura que recién después de varios años llegaron bandas como Eruca Sativa y Utopians, lideradas por mujeres lo que allanó un poco más el camino.

Mientras tanto, la estrategia de la cantante de Panza fue tratar de igualar a los varones: "Mi primer reacción fue volverme más masculina, hacer performance en el escenario más violentas, me rapaba, me cortaba. Tenía que ser más roquera que los roqueros y demostrar que no era una mujer. No quería que Panza fuera la banda ´de la minita´, que era lo que finalmente se decía", analiza hoy cuando las cosas cambiaron de perspectiva y todo le parece una "locura".

Esta y otras situaciones similares quedan reflejadas en cada capítulo de Sirenas rock. En ese sentido es inevitable contar la historia con su contexto y aprovechar para identificar los avances que, aunque tardíos, llegaron para quedarse en la escena musical actual.

El programa

Dentro de los cuatro episodios que tiene el documental hay artistas de todo tipo y de todos los grados de exposición posible: Carola Kemper, Lula Bertoldi, Mavi Díaz, Andrea Álvarez, María Rosa Yorio, Sofía Viola y las ex-Rouge Adriana Sica, Susy Rapella y Patsy Crawley. También están las ex-Blacanblus Débora Dixon, Cristina Dall y Viviana Scaliza. Y por último se suman Hilda Lizarazu, Barbi Recanati, Mariana Bianchini, y Sofía y Clara Trucco, de Fémina.

Varias de ellas se entrecruzan entre sí para tocar en vivo como quedó registrado en el primer programa el dúo de Sofía Viola y la exintegrante de Viuda e Hijas de Roque Enroll, Mavi Díaz. Esos espacios musicales permiten cristalizar un momento social en el que las mujeres se reconocen entre sí y, aunque las luchas fueron cambiando, todas advierten que queda mucho por hacer.

Por poner un ejemplo, tanto Scaliza como Bianchini aseguran que no pueden creer que para que más mujeres suban a los escenarios hiciera falta una ley. Ambas estuvieron muy cerca de la militancia que Celsa Mel Gowland llevó adelante para que eso finalmente se materializara.

La cantante de Panza asegura que la idea de impulsar el proyecto surgió de una tarde de charla entre las cuales estaba ella, Mel Gowland y otras artistas mujeres. Salió el tema y ninguna pudo creer lo que decían las estadísticas acerca del espacio que tenían las mujeres en los festivales.

"Sabíamos que había pocas, pero no tan pocas con respecto al resto de los países. Esa tarde dijimos:´habría que tener ley de cupo porque es medio raro que haya solo un uno por ciento", dice Bianchini y agrega: "Esa misma tarde Celsa mandó un mail convocando a una mesa de mujeres para comenzar a pensar el proyecto de ley".

El resto es historia ya conocida.

Las Blacanblus Débora Dixon, Viviana Scaliza y Cristina Dall (Prensa canal Encuentro).
Mariana Bianchini y Barbi Recanati, músicas de la misma generación (Prensa Canal Encuentro).

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