Charly García, el rockero más omnipresente de la pandemia

La pandemia ha desdibujado las nociones del paso del tiempo. Entre el encierro y el aislamiento, los días pasan volando; y si se desempeña un trabajo considerado esencial, el descanso de fin de semana no cambia sustancialmente con relación al posterior de una jornada laboral de día hábil.

Curiosamente, en el estado de suspensión alentado por la incertidumbre suceden un montón de cosas, el tiempo se vuelve veloz. Tanto es así, que lo que pasó el verano anterior resuena en la mente como algo de la prehistoria.

Eso cabe para todo. Incluido el accidente doméstico que impidió la actuación de Charly García en el último Cosquín Rock (el real, no el virtual). Sucedió a fines de enero y obligó a los organizadores a repentizar un ¿homenaje? con invitados unos días después.

“Esto no es un homenaje; es una suplencia”, aclaró León Gieco en esa oportunidad y desde el escenario de Santa María de Punilla, acaso consciente de que Charly está aun cuando no lo veamos. De que Charly es el más omnipresente de toda la galaxia rockera por más que su recuperación se extienda en el tiempo y no tenga figuración mediática.

¿Y qué hace García para lograr eso? Qué hizo, mejor. Profetizar, por un lado. Haber legado una obra que pone en entredicho el curso de la historia, por otro.

Con respecto al primer punto, el músico se impuso en la agenda pandémica por el carácter profético de Yendo de la cama al living, la canción con la inauguró su condición de solista, allá por 1982.

En el puente que unió marzo con abril nunca sonó tan visceral el verso “sientes el encierro”, interpretado en el original entre el susurro, el bostezo, la paranoia narcótica.

“Quiero subrayar el carácter profético de buena parte del repertorio de García, tanto en su propia biografía como en la de sus contemporáneos (es decir, todos nosotros). Parece una exageración, pero a menudo nos toca vivir situaciones que ya estaban escritas en sus canciones”, analizó el editor Roque Di Pietro, autor del libro Esta noche toca Charly.

Yendo de la cama al living es un caso: primero, como postal de la vida privada de los argentinos durante la guerra de Malvinas; y 38 años más tarde, como banda sonora del encierro virósico. Además de ser el responsable de una obra monumental, Charly tiene la antena ecualizada para captar no solo lo que está pasando, sino lo que va a pasar”, añadió.

Di Pietro se expresó en sintonía con Fabián “Zorrito” Quintiero, quien en un posteo de Instagram encontró profecías en No me dejan salir, Canción del 2 x 3, Buscando un símbolo de paz, No toquen y El aguante.

Cuando el número de contagiados crece y las aperturas siempre están jaqueadas por el botón rojo, el rock se hace notar en el streaming protocolizado, una alternativa que requiere de un presupuesto inalcanzable para la música emergente.

Porque por más prepotencia que tengan las redes y su carácter viral (más no virósico), aún hoy un proyecto en desarrollo demanda situaciones de la vieja realidad para crecer. Tocar en vivo. O interpelar el devenir sociocultural, si la pretensión es dejar una huella indeleble.

¿Y qué tiene que ver García con esto? Que mientras todo en el rock entró en el terreno de lo potencial, se publicaron libros con sus proezas en varios niveles, que activan un nivel de omnipresencia desacatado.

Que nos obliga a reescuchar, a (re)volver, a revisar antiguos contextos. Y a fin de cuentas, a concluir que no hay nada más independiente y revulsivo que él, aun cuando se haya consagrado a la megalomanía y firmado contratos suculentos.

Vale una revisión por esas obras literarias.

Entre lujurias y represión (Sudamericana), Mariano del Mazo. Sobre Serú Girán, banda que tuvo su epicentro creativo durante la dictadura y que esculpió una obra con “canciones que registraban la angustia de la ciudad y la desolación del individuo, temas que conducían a callejones sin salida, al tiempo que invitaban a la fiesta”.

“Sus canciones eran delicadas, líricas, crípticas, bufas, rabiosas y melancólicas. Con apenas cuatro discos en el período original, grabados en un lapso de cuatro años, Serú Girán cambió para siempre la sensibilidad del público y la concepción del espectáculo, alcanzando estándares de una profesionalización inédita”, precisó Del Mazo, un periodista que llegó hasta aquí luego de escribir las biografías de Sandro y de Los Redondos.

Y que, además, observó: “Hubo varios Serú como hubo varias dictaduras entre 1978 y 1982. De su primer disco (Serú Girán, 1978) a Peperina (1981), hay tanta distancia como la de Videla (la opinión pública en un puño, el cenit de la represión y del plan sistemático de desaparición) y la Argentina de marzo de 1982, a punto de dar su manotazo de ahogado”.

“No fue lo mismo la dictadura entre 1978 y 1980 que entre 1980 y 1982. Serú Girán fue la banda de sonido del terror, que colaba temas como Los sobrevivientes y La grasa de las capitales y, mucho más enfáticamente, Canción de Alicia en el país, en años en que nadie hablaba. A partir de 1980, los conciertos de Serú Girán se fueron volviendo cada vez más potentes y los estadios, una caja de resonancia política”, amplió el autor.

Acceso directo, memorias de una fotógrafa del rock argentino en los años ’80 (Planeta), Andy Cherniavsky. Aquí, Charly entra en una historia más coral. Aun así, la autora relata la épica renacentista luego del vacío que se produjo después del Adiós Sui Generis, en 1975. Andy compartió un departamento con un García “en foja cero” y atestiguó un despegue descomunal.

Nunca es demasiado (Sudamericana), Fernando Samalea. Es un relato cronológico del autor, uno de los músicos de acompañamiento más duraderos que tuvo García, entre 2010 y 2017. “Básicamente, acerca de mis incursiones con García & The Prostitution, cuando tomé las baquetas del vibráfono incluso para darle al maniquí, así como a los fraseos de bandoneón", precisó.

"También está el proceso de grabación de su último álbum, Random (donde me encontré otra vez como baterista), sus giras sudamericanas, los conciertos por Estados Unidos y esas inolvidables galas en el teatro Colón de Buenos Aires. ¡Y los Cosquín Rock cordobeses, por supuesto!”, apuntó “Sama”, cuya pulso narrador, descontracturado y propenso al detalle mínimo, ayuda a comprender el entramado artístico y emocional de Say No More.

García, 15 años de entrevistas con Charly (1992-1997) (Vademecum), de Daniel Riera y Fernando Sánchez. En ese lapso temporal, los periodistas porteños entrevistaron a Charly García en múltiples situaciones de tiempo y espacio.

“En el departamento de Coronel Díaz y Santa Fe, en estudios de grabación, aviones o suites de hoteles; en la previa al regreso de Serú Girán, antes de viajar a Inglaterra para tratarse con el psiquiatra de Peter Gabriel y Robert Fripp, junto a Mercedes Sosa o a su hijo Miguel, desmenuzando un compilado de los Beatles, mezclando uno de sus discos más extravagantes, en las primeras sesiones de Rock and roll yo, poco antes de terminar su álbum maldito Kill gil o en medio de un viaje lisérgico hacia las sierras cordobesas”, detallaron desde la editorial.

Si bien son extractos de notas leídas en su momento en medios metropolitanos, su compilado es funcional a una idea que Palo Pandolfo dejó picando en un Instagram Live reciente: “Charly García tiene la capacidad de hacernos quedar como unos caretas todo el tiempo”.

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Charly & The Prostitution, durante un show ofrecido en Miami, en 2012. (AP)

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