Entrevista a Daniel Melero: “Más que colaborar busco co elaborar”

Daniel Melero viene de publicar otro disco en colaboración. Se trata de La ruta del opio, una obra de ambient texturado desde el piano y el sintetizador realizada con Diego Tuñón, quien en Babasónicos se escuda en el alter ego Uma T.

Si bien abona una larga tradición que el exlíder de Los Encargados tiene de discos “de a dos”, éste es especial por cuanto Tuñón no sólo es un amigo entrañable sino también un alma gemela en términos artísticos.

Este último punto está fundamentado en la participación de Diego en dos títulos relevantes de la discografía de Melero: como músico invitado en Cámara (1991) y como productor en X (2009).

Y también sirve como certificado el aval permanente del prestigioso productor y pensador a la carrera de Babasónicos, lo que se puso de manifiesto cuando dirigió un documental sobre una gira de la banda por México, en 2008.

"La ruta del opio", el disco de Daniel Melero y Diego Tuñón salió luego de seis años de "experiencias". (Gentileza Martín Bonetto)

“Son muchos años de amistad y ese es un cimiento muy fuerte para sostener algo que se hizo tan largo y que encontró posibilidades de creación en espacios de tiempo esporádicos. Sólo un andamiaje como nuestra amistad puede tolerar este tipo de producción. No me veo colaborando seis años con otra persona. Escaparía de ese proyecto. Sin embargo, con Diego fue una experiencia muy interesante”, diagnostica Melero en contacto con VOS.

Y en referencia a unas condiciones de producción atravesadas por la híper actividad de Babasónicos en el último tiempo.

-Cerati, Cutaia, Gillespi y ahora Tuñón… Es evidente que te gusta trabajar con otro, compartir.

-Es cierto, tengo muchos discos en colaboración. La lista es muy larga. Soy el solista que más en grupo trabaja. La colaboración es una forma de arte. Me encanta cultivarla. Cuando tengo el rol de productor, también considero que estoy colaborando. Mi búsqueda es esa. Sobre todo co elaborar.

-“La ruta del opio” se hizo entre giras y en el marco de un intercambio libre de material. ¿Siempre supieron que todo eso tendría destino de disco?

-Queríamos vivir la experiencia de ir juntos al estudio a crear algo. Lo hicimos. Fuimos al estudio a tener una experiencia, ni siquiera a experimentar. Si se convirtió en un disco se debió a un proceso de destilación inevitable, que nos llevó a un resultado que valió la pena publicar. Jamás publico algo si no siento que es la opinión sonora que me interesa dar. Y en este caso, rápidamente me di cuenta de que era algo que me iba a gustar y que valía la pena sacar. Desde el primer año lo supe. La elaboración lo llevó por otros caminos, que fueron interesantes de recorrer.

-Más allá del matiz y el tamiz, es evidente que el disco reacciona contra este presente de consumo fragmentado.

-El disco se sale de la urgencia del material que se publica o que, en general, publican las personas que hacen canciones. Estratégicamente, eso surgió por las cualidades que nuestra música fue teniendo en su desarrollo y no por una idea anterior. Los temas musicales más melódicos están imbuidos de muchísima espacialidad. Hay mucha dimensión en el espacio sonoro que el disco abarca en su panorama. Produjimos una sensación de enormidad en algo que, probablemente, se interprete como un gesto minúsculo.

-“Río” es un tema con epicentro en la melodía del piano. ¿Lo ejecutás vos?

-Es Diego editado por mí. El piano está a cargo de Diego. Son muchas capas de piano; a veces, hasta tocando lo mismo con distinto carácter. Los pianos son de Diego, los ruidos de banqueta también. (risas)

-Hace unos meses se reeditó en vinilo “Travesti”, punto clave de tu discografía. ¿Hiciste un trabajo de remasterización?

-No hago nada especial. Mi interés es que (los discos) conserven la mácula que tuvieron en su época. No me atrae la idea de remasterización, no quiero actualizarlos para un sistema de audición que no sea el que tuvieron en su origen. Tampoco me agradan los discos remasterizados de los favoritos de mi vida. Cuando muchos se remasterizaron para el CD, me perdieron la contundencia del mensaje que tenían.

-Pongamos un caso.

-Los discos de Led Zeppelin en CD están excedidos de fuerza. Las remasterizaciones sobrecargaron un factor que esa música ya tenía de por sí. Lo hicieron muy explícito, lo cual es pornográfico. Yo no hago nada en especial. Mi idea como masterizador, incluso, no es ser eficiente para alguien que está con unos auriculares en el subte con la idea de sobreponerse al ruido ambiente. Creo que esa es una necesidad que tienen ciertos géneros musicales pueriles. Prefiero un disco que suene bien en cualquier formato. Hago un solo máster. Incluso en este época, que se hacen másteres para YouTube, Spotify y vinilo, según el caso. Quiero que el máster se corresponda con el mensaje que la música trata de emanar y no con el de las plataformas que la reproduzcan.

-Volviendo al disco con Diego. ¿A qué viene el título “La ruta del opio”?

– Tiene que ver mucho con las lecturas de Diego sobre (Jean) Cocteau. Me pareció un título sugestivo, llamativo. Desde un punto de vista rockero, a mí me alcanza espiar un poco y salir corriendo a hacerlo, a reforzarlo. El disco tuvo muchos nombres, pero éste me resultaba interesante y que acompañaba bien la carátula que hizo Gabriel Rud. Una fachada de hotel hecha con huesos de gigante… Y adentro hay pasajeros esqueletos. La ruta del opio daba una conclusión buena. Es tan sencillo como eso. Y por supuesto, luego de la elección muchos temas dan vueltas por el concepto central. Por eso hay referencias del río Mekong.

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Melero y Tuñón, recostados sobre el andamio de su amistad. (Gentileza Martín Bonetto)

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