Comentario de “Calambre”, nuevo disco de Nathy Peluso: El triunfo de la desmesura

Con Calambre, el primer disco de Nathy Peluso, la cultura de cancelación no sólo mostró su costado más intolerante sino lo tarde que llega a todo.

Porque sus cultores condenaron a la rapera bonaerense por “apropiación cultural” a más de dos años de que ésta agitó el avispero con simples descarados en frescura como Corashe y La sandunguera.

Uno devenido en himno feminista; y otro, en certificado de cómo una piba con voz sedosa puede transformarse en una freak hip hopera al calor de los barrios multiculturales de Madrid, ciudad en la que se estableció luego de años de nomadismo emigrante.

CALAMBREmi nuevo disco ya está en la callepara mi gentepara la música.

LES AMOGRACIAS INFINITAS X CREER EN MI Y EN ESTAS CANCIONES QUE YA SON DE USTEDES.Les acompaño, de cerquita.VAMOS A ACALAMBRARNOS EL CORAZÓN https://t.co/1zpJ3R30nt
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— Nathy Peluso (@NathyPeluso) October 2, 2020

Saltar ahora porque los modismos expresivos de Nathy Peluso remiten a divas centroamericanas, o porque sus tics tienden permanentemente a la construcción de un personaje extravagante, deja margen para pensar que, efectivamente, atravesamos un periodo sociocultural encorsetado y punitivista.

Que desde un sector pretenden llegar a manifestaciones culturales “puras”, luego de que ser sujetas a una aprobación política y estéticamente correcta que desprecia a una joven como Nathy, quien asegura lucir Prada con ruleros y que se pasa todo por el clítoris.

El absurdo de la cancelación, incluso, puede llevarse puesto a la posibilidad de una crítica.

Porque en el afán de “bancar” a quien está siendo lapidada/o por este tic de época, el analista puede llegar respaldar a alguien artísticamente inconsistente.

No es ese el caso de Peluso; al cabo, una performer desmesurada que rinde como tanto en el neo soul (Llámame) como en el hip hop de barricada o gangsta (Business Woman), además de buena letrista y rimadora fenomenal.

Y que ahora en su primer largo potencia sus rasgos con Rafa Arcaute, un productor experimentado en eso de equilibrar beats electrónicos y propulsión orgánica. Un socio ideal para trascender una visión reduccionista de “lo urbano”.

“Te la puse tiesa con mi ritmo, con mi astucia/ Soy cabrona poniéndote el culo en la cara”, se le oye a Peluso en la citada Business Woman, lo que haría pensar en la contradicción de la mujer empoderada que aún es funcional a la supremacía machista. Pero aquí el hombre tácito está picando ajo.

Eso de que hay ponerle coto al macho ya había quedado claro en la apertura Celebré, en la que sirenas ponen en contexto de violencia de género y el flow, recortando sílabas en modo andaluz, sugiere “Mami, date lo que te merecé’/ Cúrate la herida, llama al S.O.S./ En el pecho no hay quien me dispare/ me cuida la fuerza de los mare'” .

Si bien este recorte sugiere un disco “militante”, el resto de Calambre dice que no lo es tanto y que trae consigo otras sensaciones más introspectivas, que proyectan a Nathy más allá de todo gueto.

Un ejemplo categórico en este sentido es Buenos Aires, un soul preciosista que es el No soy un extraño (Charly García) para la generación millennial.

En esa postal melancólica por el autoexilio reluce el potencial vocal de Nathy, así como en Trío se permite algo aproximado a la “ostentación de falsete” y en Arrorró confirma la sabiduría folklórica que había insinuado nombrando a Mercedes Sosa en el imprescindible Sana Sana.

Nathy, malambeando con un enchufe. (Sony Music)

También contribuyen a la construcción de Peluso “cantante de música popular más allá del hip hop” el tango Agárrate y los movimientos salseros de Puro veneno que ponen en terreno más lineal y lúdico un enamoramiento letal. “Ay de mí/ ese hombre me envenenó/ que alguien me diga cómo puedo remediarlo”, tira en ese tramo.

Ese estribillo contrasta con rituales de apareamiento abrasivos como los de Delito (“Me está perreando el corazón/ Sudando alcohol nos podríamos condenar”) y de Amor salvaje.

Este último no es una reversión del clásico de Roberto Ternán popularizado por el Chaqueño Palavecino. Es otro original con el mismo título que Nathy comienza con una alocución de actriz (“Ay doctor, yo creo que estoy enferma. Mirá cómo me palpita el corazón, Ay dios mío”) para comunicar que arde de deseo.

Luego, ya sobre ritmo reggaetonero, pide “cuidame el corazón”.

En un disco solmene, la línea podría leerse como un clamor por la responsabilidad afectiva.

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Nathy Peluso, desoye a la cultura de la cancelación y hace la suya. (Twiter @nathypeluso)

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