De Spinetta a “Telemanías”: la dispersa vida musical de Guillermo Vilas


Vilas, serás lo que debas ser o no serás nada
es un documental sobre una reivindicación específica del mejor tenista argentino de todos los tiempos.

Puntualmente, la película de Matías Gueilburt releva con maestría y buen ritmo la investigación que el periodista argentino Eduardo Puppo y el matemático rumano Marian Ciulpan llevaron a lo largo de 13 años, con el objetivo de que la ATP reconozca al marplatense con el primer puesto de su ranking en un período determinado.

Una distinción acorde a récords como el del tenista profesional con más victorias en un año (130 en 1977) y el de mayor cantidad de títulos en el mismo período (16, también en 1977).

Si bien el filme se concentra con determinación en esa cuestión, se permite una aproximación al singular perfil personal de Vilas, que incluye un ego desmesurado e inquietudes artísticas complementarias a una epifanía woodstockniana.

Es que Guillermo caminó hacia el profesionalismo mientras la juventud jugaba un rol activo como agente de cambio sociocultural, oponiéndole paz y amor al sinsentido de Vietnam y la resonancia psicodélica de la guitarra de Jimi Hendrix a la posibilidad de una existencia previsible, sujeta a cánones estrictos.

Y si Hendrix lo hacía flashear allá, Luis Alberto Spinetta lograba lo mismo acá, en el tránsito de Almendra a Pescado Rabioso.

Por otro lado, “Willy” había recibido cierta influencia de su ya fallecido colega Vitas Gerulaitis, agente clave por marcarle artistas camaleónicos como David Bowie o narradores de mundos sórdidos como Lou Reed.

Entonces deviene el Vilas extravagante, rompe moldes, que consume las horas eternas de vuelo que demanda su profesión leyendo, escribiendo poesía y escuchando música.

A esto último, con un radiograbador rectangular y esos auriculares vintage gigantes que sugieren alta organicidad, tal como lo muestra Matías Gueilburt en una sucesión de polaroids.

Primero, poeta

Guillermo Vilas siempre estuvo a un tris de convertirse en artista. Y dio ese paso luego de codearse con productores fonográficos y músicos de alcance global.

Primero, movió fichas como poeta: en 1974 publicó su libro 125; y en 1981, el titulado Cosecha de cuatro. Este no sólo tenía prólogo de Spinetta, sino también una defensa airada por parte del prócer rockero, quien en ese texto tildaba de “fascistas” a quienes no valoraran el contenido.

“Yo diría que estas poesías tienen la enorme verdad de un guerrero de la derrota y del triunfo en serio, a quien celebro más apto para la discusión de la autenticidad que aquellos que se han reencontrado innumerables veces con su poeta de turno, al cual ni siquiera han oído en verdad, y de vez en cuando se lanzan, birome en mano, a la cremación del cuerpo de la poesía, sólo emulando la derrota de su tino”, escribió allí Spinetta, luego de contar que había conocido a Vilas en “una templada noche de 1976”.

En el cuerpo de Cosecha de Cuatro, en tanto, Vilas expresó. “Nací. Me dieron un cuerpo anclado a la tierra y un espíritu anclado a algo que ignoro. Yo nací con los dos y trato de ser el balance de esta puja tratando de mantener la armonía hacia la perfección”.

“A medida que mis días se suceden, debo ser más cauteloso porque el pasado debe ser una experiencia diferida y segura de su moraleja, ya que mi futuro depende de su consistencia”, completó en plan filosofal.

La relación entre ambos se hizo entrañable y muy cercana, al extremo de que convirtió a Guillermo en padrino del primer hijo de Luis (Dante), y a Luis en sujeto de una producción discográfica internacional finalmente titulada Only Love Can Sustain.

Este fue el disco “en inglés” del "Flaco". O si prefiere, un intento de lanzamiento internacional del que nunca estuvo convencido, pese a que venía impulsado por sus (nuevos) amigos (tenistas) Guillermo Vilas y Modesto “Tito” Vázquez (excapitán del equipo de Copa Davis).

Only Love Can Sustain se grabó en Estados Unidos en 1978 y se editó en 1980, con un solo tema en coautoría con Vilas: Children of The Bells.

Una aventura desconcertante, hoy resignificada, que Spinetta reseteó al toque con la publicación en octubre de Alma de diamante, el primer disco de Spinetta Jade. Curiosamente, o no tanto, Jade era el título de dos interludios instrumentales de Only love can sustain.

Vilas, por su parte, volvió a su eje y un año después llevó a la Argentina a su primera final en la Copa Davis.

De ese hito de fines de 1981 sólo lo separaban ocho años de su primer retiro y nueve de su primer disco, de su primera movida oficial como músico.

Es que Guillermo recibió la nueva década con Milnuevenoventa, un disco de impronta house en el que canta voluntarioso y afinado, sin la ayuda de ningún efecto disimulador de carácter.

Conexión Córdoba

A caballo de cortes como Beso eterno y Tú eres para mí (tema de apertura dedicado a Michelle Tomaszewski, la novia de Vilas en aquel tiempo), Milnuevenoventa sonó en radios e hizo méritos suficientes como para que su sello editor (ABR, comandado por el productor Bernardo Bergeret, el hombre por detrás de The Sacados y de Jazzy Mel) arregle una gira promocional por Córdoba.

Y eso se produjo finalmente ese mismo 1990, a instancias de la oficina local de la Distribuidora Belgrano Norte, que manejaba el recordado “Pato" Luque.

Hubo una conferencia de prensa en un hotel de calle San Jerónimo y pocas visitas a radios. La duda prioritaria, claro, era el porqué de su alineamiento electrónico cuando su despertar a la música tenía que ver con Hendrix y entre sus antecedentes se destacaba una colaboración con Spinetta.

Vilas siempre respondió sobre “lo que se escucha allá”.

Guillermo no tardó demasiado en atender ese alineamiento previsible al “rock & roll” o a un sonido orgánico más sugerido por sus roces en el jet set internacional con Keith Richards, de The Rolling Stones, y Lars Ulrich, de Metallica.

Lo materializó en 1992 con Dr. Silva, un grupo de rock en el que se alineó a la formación de los metálicos Plus; a saber: Julio Sáez (que más acá en el tiempo se desempeñó como mánager de Indio Solari), Hugo Racca y Cacho Darias.

Dr. Silva también vino a Córdoba en plan promocional, sólo que en este caso incluyó un ineludible playback en Telemanías.

“Estoy contento de volver a Córdoba, fueron los primeros en llamar a Dr. Silva”, le dijo Vilas al periodista Diego Quiroga, unas semanas antes de un festival que se realizaría en Atenas a fines de noviembre de 1992.

“Vamos con mucha energía y esperemos que todo salga bien. Queremos demostrar que estamos agradecidos. ¿Por qué Dr. Silva? Porque queríamos dar una idea de grupo y no cerrarnos en un nombre solo. Dr. Silva tiene dos letras de Sáez y tres de Vilas. OK, podríamos haberle puesto Avis o Visa, pero con compañías ya establecidas (risas). Cuando pensamos los nombres, nos preguntamos '¿Qué tal si le atendemos la cabeza a la gente con Dr. Silva?'”, amplió Guillermo, al tiempo que se jactaba de que lo suyo era pesado y no condescendiente.

“Es pesado lo nuestro –reafirmó–. No hablamos demasiado durante nuestros shows. Sólo en el medio hacemos un corte para presentarnos y saludar a la gente…”.

“Los temas van uno detrás de otro. Es una banda en vivo. Los ensayos son así, no tenemos un set. Julio dispara lo que quiere y el resto lo debe seguir. Al disco lo grabamos en vivo y tiene mucho de Nirvana, se te mete dentro de la piel”, amplió el extenista en diálogo con Quiroga.

Pese al entusiasmo de Guillermo Vilas, Dr. Silva no pudo demostrar su poderío en un escenario de esta plaza, por cuanto se vendieron pocas entradas para el segundo día del evento en el que el grupo había sido programado, y los organizadores cancelaron. Los Pericos, Illya Kuryaki & The Valderramas y Las Viejas Gominas completaban el cartel.

No obstante, la inercia radial hizo lo suyo con Delfi I Love You, una canción que en todos los blogs está señalada como una prueba de amor del autor a la modelo y corredora Delfina Frers.

Mostaza, el cordobés que fue su agente de prensa

Sin embargo, el cordobés Francisco Mostaza, agente de prensa de Vilas en los primeros ’90, desmiente esta lectura. “Es un tema irónico. Guillermo lo compuso como para dar cuenta de un histeriqueo”, asegura.


¿Cómo lo conociste a Vilas?

–Fue en la época de Dr. Silva. A mí me habían echado de Clarín y una noche decidí ir a Halley, el boliche rockero de avenida Corrientes. Lo había puesto (el productor) Mundy Epifanio con Michel Peyronel. Michel fue quien me lo presentó e inmediatamente me ofreció trabajar con él. Me dijo: “Vas a trabajar de estar conmigo todo el tiempo”.


¿Y así fue?

–Tal cual. De Halley, esa noche él se iba a Ezeiza porque tenía que viajar a París, y me comprometió que lo fuera a buscar a la vuelta. Desde entonces, trabajé a su lado entre París, Nueva York y Los Ángeles, con eventuales viajes a Londres o a Budapest, ponele. Me pagaba 1.000 dólares, pero estando a su lado pude venderle notas a Caras con celebrities como Cindy Crawford o Jack Nicholson. Guillermo es un leonino enfermo y un tipo muy gracioso. Una vez le agarré una raqueta, digamos importante, y me largó: “¡¡¡Me tocaste el Stradivarius!!!”. Yo lo hice tocar con Pappo, con (Andrés) Calamaro… Lo hacía ir a Prix D’ami. Le vendí Dr. Silva a (la marca textil) Nasa por 40 mil dólares para que hiciera shows en una temporada en Punta del Este.

¿Alguna otra anécdota?

–Miles, pero me quedó con la del Pocker de Ases de 1994, cuando ya veterano jugó un desafío en el Lawn Tennis de Buenos Aires con (Jimmy) Connors, (Björn) Borg y (John) McEnroe. McEnroe era el más joven de todos y, como Guillermo, tocaba la viola y le gusta pisar el acelerador. “Vos me lo sacás a McEnroe”, me ordenó Guillermo, y cumplí a rajatabla: lo dejé a John a la 5 de la mañana, cuatro horas antes del partido. Mirá que hicimos todas, eh… Pero se despertó como si nada. “Boludo, te dije que lo sacaras a la noche, que le recortaras piernas”, me dijo Vilas… Y nos cagamos de risa. McEnroe era un capo, no había con qué darle.

Vilas junto a Spinetta, en las calles de Nueva York.

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