Entrevista a Gustavo Cordera: “Se viene un mundo con mucha gente dormida”

“Si no me cuido a mí mismo, soy un peligro para los demás. Si me dejo librado a mi inconsciente y a mi sombra, soy peligroso para el otro”. Este textual de Gustavo Cordera es resultante de una entrevista accidentada.

De un intercambio periodista-artista que comenzó con un Zoom entrecortado y terminó con el recurso vieja escuela del llamado a un teléfono fijo, luego de probar la opción audiovisual de WhatsApp.

La declaración es un chispazo de una conversación comprometida por conexiones deficientes, en definitiva. Un recorte entre varios desarrollos interrumpidos por lo que sea que propague la comunicación satelital.

Más allá de cuestiones tecnológicas, sugiere que el exlíder de Bersuit asocia su repudiable “Hay mujeres que necesitan ser violadas para tener sexo” (su expresión de agosto de 2016 en una charla con estudiantes de periodismo, por la que fue acusado-juzgado-sobreseído por “incitación a la violencia”) a la inercia de otra versión de sí mismo.

Atravesado por una revolución humanista que amalgama meditación, alimentación sana y empatía, el Cordera de hoy pide perdón por esa frase y asegura que no podría enunciar algo así. No obstante, observa contradicciones en la cultura de la cancelación. “Pide empatía, pero condena; pide amor, pero odia”, resalta el vocalista desde su casa de La Paloma, expuesta en el Zoom mediante un paneo de 360º.

“Esta es mi casa”, dice en ese momento. Y ante la consulta sobre si en el parsimonioso oriente uruguayo encuentra la felicidad, añade: “Si sólo el entorno produce felicidad, soy feliz. Pero habría que descartar la parte interna, ¿no? Los problemas que todos los seres humanos tenemos: las preocupaciones existenciales, la muerte, los cambios, las enfermedades. El hombre tiene esos desvelos en todos los paraísos del planeta”.

La charla con Cordera se da a modo de promoción de “La Obra”, un concierto de streaming que destaca la interpretación de su repertorio junto con un power trio. De acuerdo con la promoción oficial, la idea es encontrar “la huella emocional de cada una de sus canciones”. La cita es el próximo 5 de diciembre.


¿Este concierto en streaming se da en el marco de un proceso de reconstrucción o de deconstrucción? Quizás llevar el repertorio a este formato, el del trío, se corresponda con un proceso personal.

–Por supuesto que tiene que ver con una adaptación a mi vida, a mi cuerpo, a mi forma de concebir la música. Quiero generar un espacio para que la voz tenga su protagonismo, para que el centro sea la emisión y se note su verdadera fuerza. Y así dejar que la gente (con su imaginación, su fantasía y su historia personal) se apodere de cada canción y la utilice para lo que le sirva. Un pacto, Mi caramelo, Murguita del Sur, Madre hay una sola y Amores perros, por ejemplo, son piezas que no tienen por qué ser unidireccionales. Traspaso todos los tiempos y vuelvo al estado iniciático de la canción. Como cuando se evoca a alguien que no está, que se fue… Estoy haciendo una invocación de esos temas para darles un nuevo sentido.


¿“La Obra” tiene un guion, cierta atmósfera teatral, o sólo es un listado de temas con reversiones?

–En un principio trabajé con Fernando Rubio, dramaturgo y escritor. Con él habíamos hecho una especie de guion, muy somero, muy sencillo. Aun así, aun con lo fácil de recordar que era, no pude representarlo. Me pusieron un atril para que pudiera leerlo, pero el iluminador se olvidó de prender algunas lámparas porque, sencillamente, no se lo habíamos indicado. Sólo quedó el espíritu de todo eso. Tengo muchos inconvenientes para representar un guion y mucha facilidad para improvisarlo. Es cuando más libre me siento… Los discursos y las pautas de los actos escolares siempre me resultaron un embole. Me gusta improvisar. En esas improvisaciones me pasaron cosas interesantes.


¿Por ejemplo?

–Un día, de repente, incorporé a un periodista que me hacía preguntas a partir de cierta estigmatización de las canciones: Cordera en su etapa ecologista; Cordera en su etapa autorreferencial; Cordera revolucionario; Cordera cómico; Cordera profeta. Fue un juego interesante. Porque cuando canto, también tengo instalada esa mirada periodística sobre mí.


El incidente del iluminador también permite otra reflexión: el hábil domador de multitudes de Bersuit se siente indefenso en la penumbra de un espacio de escala mínima.

–En la época de Bersuit, mi ego vibraba en la intensidad. No sólo domaba multitudes, también las arengaba, las movía. Había construido un poder en la intensidad, y mi cuerpo podía acompañar todo. En este momento experimento más la sensibilidad, la fragilidad. Atiendo más los sentimientos que las emociones. Es un costado que no me atreví a mostrar porque estaba en guerra, compitiendo, formando parte de una legión de forajidos que se comían el mundo. No hablo de eso desde ninguna moral ni visión condenatoria. Formó parte de mi evolución personal y ahora estoy desarrollando otras cosas. Estoy haciendo muchas canciones, no sólo para mí. Para mucha gente estoy componiendo.


¿
Este “nuevo vos” enunciaría la frase repudiable de 2016?

–Es un buen momento para refugiarse en el arte, para encontrarnos, no para pelear… Aprendí que es importante el contexto en el que uno comparte una información, y saber si la otra persona está en sintonía. La distancia que hay entre el que emite y el que recibe… Más allá de eso, se está viendo mucho eso de decirle al otro cómo tiene que pensar, cómo tiene que mirar al mundo. Y si hay algo que estoy aprendiendo con tanta información, es que es un momento para abandonar los sistemas de creencias porque es necesario experimentar la vida que queremos. Creer es una manera de sacarse de encima la posibilidad de experimentar, de profundizar. El profeta, el revolucionario, el provocador era necesario para llenar un estadio, pero hoy es insostenible para mí. La gente está necesitando tener su propia vivencia.


Tu renacimiento se puede encontrar con el hecho de que estés “cancelado”. ¿Te interesa reconquistar a quienes vibraban con tu música y que ahora no lo hacen por tus acciones fuera del escenario?

–Estoy en un viaje de reconexión con el arte y la poesía. Y es personal. Siento que este es un momento en el que se instala un pensamiento global y único, con ciertas características ideológicas armadas, y que está a viva voz en la política, en la Justicia y en los medios. Quiero ir en dirección contraria. El único espacio en el que quiero estar es en el del arte. El escenario todavía está preservado, es la única trinchera que le queda a la humanidad. Tal vez, porque no nos consideran como algo peligroso a los artistas. No obstante, el ser distinto, opinar otra cosa, es condenable.

Cordera dice que este contexto actual guarda relación con el fortalecimiento de las redes y permite el sedimento de “pensamientos únicos muy bien disfrazados, muy bien vestidos”.

“Conjuga las mentes del planeta con un discurso superficial, carente de contenido, con carácter propagandístico –refuerza–. Se busca una sola idea del mundo. Todos aquellos que cuestionamos o buscamos formas de confrontación conceptual, que siempre son saludables para que las ideas se fortalezcan y se enriquezcan, somos separados, juzgados. Como se hizo siempre en la historia de la humanidad, sólo que antes no había tanta comunicación simultánea. Antes, las culturas tenían distintos procesos de evolución. Hoy en el mundo que vivimos, a mi criterio, se está instalando una dictadura global”, analiza.

¿Dictadura global? “Es que se está bajando la misma información a todo el mundo –refuerza–. Nunca se parecieron tanto el gobierno chino y el norteamericano. Me da para pensar que se está instalando una sola forma, y que todos aquellos que queramos cuestionarlo vamos a ser severamente atacados. Es un buen momento para refugiarse en el arte, para encontrarnos. No para pelear, porque la pelea será desigual”.

“Se viene un mundo con mucha gente dormida, automatizada, algo muy próximo a la idea del transhumanismo, del hombre artificial… Entonces, es un buen momento para ir hacia adentro y fortalecerse. Nuestro sistema de defensa tiene que labrarse con alegría, amor, buena alimentación. El sistema colapsó y hay miradas alternativas para todo”, amplía.


Hay salida, entonces.

–Las crisis son muy buenas, dan síntomas de que se necesita un cambio. Una enfermedad es el pedido del cuerpo de un nuevo equilibrio. Lo que veo es un cambio de escena muy importante, los seres que creemos en el amor, la alegría y la libertad tenemos la responsabilidad de juntarnos, de intercambiar, de hacernos fuertes para lo que viene. La revolución no está afuera, sino adentro. El que se anime a revolucionarse tendrá mucho poder. La ingenuidad del sistema global es la manera condenatoria con la que quiere hacer una transformación. Ante eso, nuestra responsabilidad es darnos amor, ser empáticos, ser sensibles, ser saludables. No es una revolución social, sino humana, profunda. No somos "anti" nada, sino que estamos a favor de esta forma de ver el mundo, que no es holística ni ideológica, sino profundamente humana. Una forma en la que se juntan las constelaciones familiares, la bioneuroemoción, el yoga, el tai chi, el comer vegetales, meditar, abrazar al otro, vivir en la alegría. Entiendo que es condenable esta posición y que me podés decir: “¿Estamos en guerra y me venís con eso?”.


Tu generación se propuso cambiar el mundo. ¿Fracasó?

–Pusimos en escena algo importante: cambiar al mundo y al otro. Pero no estábamos dispuestos a cambiar nosotros mismos. El otro día vi un Ted de un tipo que hace neuroemoción, y le preguntó a la gente si creía que había que cambiar las cosas… y todos levantaron la mano. Después pidió que levantara la mano el que creía que debía cambiarse a sí mismo. Y no la levantó nadie. Ahí está la cuestión. Fracasamos en cambiar al mundo y a los otros, pero ha sido saludable para que en este instante las personas sepan que si hay una posibilidad de transformación, es a partir de uno mismo. Si no me cuido a mí mismo, soy un peligro para los demás. Si me dejo librado a mi inconsciente y a mi sombra, soy peligroso para el otro.

Gustavo Cordera (Gentileza, Jacqueline Orion)
Cordera aboga por la experimentación más que por los sistemas de creencias. (Facebook Gustavo Cordera, @maurirod.uy)

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